Apuntes para la identificación de una poética heideggeriana (III): Lenguaje y habla

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Surge una primera distinción necesaria y es la existente entre los términos lenguaje y habla. También se hace necesario identificar la mayor valoración ontológica del segundo en detrimento del primero. El lenguaje es un sistema de signos y significaciones de los que una persona dispone. Es entendido como ese mundo que tengo tras de mí, a mi disposición, para representar. El habla está relacionada con la realización del lenguaje en sentido pleno. Con el acto de hablar, el desarrollo del habla entre las personas. Se trata de un hecho dinámico: representa, en palabras de Heidegger, “el despliegue del habla”.

En Carta sobre el humanismo Heidegger afirma que el lenguaje es “la casa del ser”. Vatimo sugiere que dicha afirmación es el resultado de las reflexiones de Heidegger sobre el lenguaje luego de la publicación de Ser y tiempo. Una explicación de la génesis de dicha frase se da en Camino al habla, en el que se explica esa dependencia recíproca del ser humano con el lenguaje. El lenguaje constituye un mundo como un sistema de signos y significados. Que el ser-ahí tenga un mundo no significa que tenga una relación con la neutralidad de un grupo de cosas. Significa que esté familiarizado con este sistema, dice Vattimo. De ahí que el lenguaje sea la “casa del ser” y que se pueda hablar, como indica Vattimo, de varios “mundos” como varios son los contextos de significación. Por ejemplo, podríamos hablar del mundo precolombino, o del mundo universitario, o del mundo de la población garífuna guatemalteca. Se observa también que al emplear en la Carta sobre el humanismo el término lenguaje en lugar de habla es adecuado, ya que no está hablando del lenguaje en su realización, sino que del lenguaje como cobijo, como disposición de un mundo. Al decir que “el lenguaje es la casa del ser” se habla de la pertenencia en un estado pasivo y no del hecho de pertenecer en su despliegue dinámico, como sería el caso si utilizara el término habla.

Camino al habla podría ser considerado como un buen punto de partida para el análisis heideggeriano del habla. Al menos, el que más claramente expone sus consideraciones de los textos leídos. El movimiento apropiante que Heidegger describe en dicho texto se refiere a la forma en que el habla se “apropia” del hablante, lo posee, y es solo a través de la captación y el entendimiento de esa posesión que el habla llega a darse en su despliegue. El habla precede entonces a la conciencia de hablar. Un buen ejemplo de esta apropiación se da cuando un niño aprende a hablar por primera vez. No es él quien habla, es el habla que lo circunda, de su contexto, quien lo posee y poco a poco, conforme el niño aprehende esta posesión, es como el habla brotará también de sus labios. Se describe en dicho texto una relación de dependencia del ser humano con el habla, y no al revés.

En ese mismo texto, Heidegger valora también el lenguaje como Decir. Como un Decir con mayúscula, referido a un carácter esencial del ser humano: el estar en camino a lo desocultado. Este Decir podría dialogar también con el Pro-Ducir (traer delante, fabricar, desocultar) de la estructura de emplazamiento del utensilio y de la esencia de la poesía. Antes de entender el lenguaje en su relación con la poesía, debe entenderse el lenguaje como el portador de ese Decir, de ese desocultar fundamental gracias al cual el lenguaje es “la casa del ser”. Al valorar el lenguaje como Decir, se valora el lenguaje como el traer delante, como el desocultar un mundo de significaciones. Todas esas relaciones no físicas que se establecen con los objetos son dadas a través del lenguaje. Todas las relaciones de significación del mundo, gracias a ellas podemos poseer el mundo. “Que el ser ahí tenga ya siempre, en cuanto existe, un mundo, no significa que de hecho él esté en relación actual con todas las cosas, sino que esté familiarizado con un sistema de signos y significados; podríamos decir que dispone ya de un lenguaje” (Vattimo).

A pesar de que la reducción fenomenológica de Camino al habla es casi estrictamente referida al habla, Heidegger siempre hace un señalamiento especial a la poesía, retomando la tesis de textos anteriores en los que confiere a la poesía un precedente de cualquier lenguaje: la poesía no toma por materia al lenguaje para su consecución, sino que es la poesía la que funda el lenguaje.

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