Etiqueta: Literatura peruana

El verdadero foco de interés en Tiempos recios

El verdadero foco de interés en Tiempos recios

Por LEO DE SOULAS | LA HECATOMBE

Talvez la obra ya no tenga los mismos brillos de mucha de su producción anterior, pero tampoco se queda en un conato, como muchos detractores de Vargas Llosa pretenden pintarlo.

Tiempos recios: una bofetada y cuatro observaciones

Por RICARDO COREA | DEL TERCERMUNDO

Por estas razones me parece valioso que una de las voces más importantes de la literatura mundial haya escrito sobre esta región centroamericana, abundante en ficciones oficializadas a fuerza de balas y violencia institucional.

Evo y Vargas Llosa: cóncavo y convexo

Por LEONEL GONZÁLEZ DE LEÓN | PASEO NOCTURNO

«Es comprensible, y saludable incluso, que cualquier persona busque reinventarse en una esfera distinta a la original; pero de ahí a que Vargas Llosa deje de lado su verdadera vocación y que insista en hacer ver su interés por la ideología liberal, hay una distancia enorme».

Miriam Legarreta y un retrato de Cortázar

Por LEONEL GONZÁLEZ DE LEÓN | PASEO NOCTURNO

«Conservo solo quinientos libros, la biblioteca ideal ─dice Piglia en la penúltima página de su diario─. Con esa cantidad se puede trabajar». Miriam Legarreta, igual que Piglia y que todos los lectores que han tenido que quemar naves y reinventarse lejos del lugar de origen, conservaba en casa unos pocos volúmenes que alguna vez acariciamos y evocaron mil anécdotas.

Por los siglos de los siglos

Por RUBÍ VÉLIZ CATALÁN

«El arte —cuando dejó de ser arte y se hermanó con el ocio en las revistas y periódicos— ha sido un mecanismo de distracción que también ha sufrido la embestida de las necesidades paradójicas de sus consumidores».

Las Prosas apátridas y una librera de Miraflores

Por ALFONSO GUIDO

«Estas prosas corresponden a la voz de un único exilio latinoamericano y son parte de una proeza artística que cabalga entre el diario personal y el aforismo, un libro que bien podría leerse en una sola sentada y cuyo contenido trasciende de lejos los límites estéticos de la simple reflexión literaria».

El indio hasta muerto patea

Soy un campesino, le dije. […] Me quité el sombrero, me levanté el poncho. Vieron mis huesos, sin alarmarse. Yo agotaba mis recursos, pero ellos eran limeños. ―La mala yerba no muere―, dijo él, mirándome burlón. ―Cuidado, ―dijo ella, sarcástica―. El indio hasta muerto patea. Julio Ortega, Adiós Ayacucho .«Vine a Lima a reclamar mi

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