Una atípica sitcom: otra perspectiva de la diversidad


Por RICARDO COREA | DEL TERCERMUNDO

No es lo mismo leer en alguna página de internet que uno de los «síntomas fundamentales del autismo» es la «deficiencia persistente en la comunicación y en la interacción social», que ver cómo Sam batalla para entender cómo funciona ese ritual adolescente de conseguir una novia.


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Ricardo Corea_ Perfil Casi literalLo bueno de esta época es que sobreabundan las series de calidad. Lo malo, es que hay muchas, demasiadas. El exceso de ofertas —¡Ofertas de calidad!— hoy deriva en trastornos y ansiedades por la incapacidad de verlo todo, pero no es mi intención hablar sobre esta bonanza de propuestas sino sobre una serie en especial que, según yo, ha pasado desapercibida por estas latitudes: Atypical.

El 1 de noviembre de 2019 se estrenó la tercera temporada de esta serie que tiene como personaje principal a Sam Gardner (Keir Gilchrist), un joven de 18 años con autismo. Escrita por Robia Rashid para Netflix (quien fue productora de la popular How I Met Your Mother), se estrenó el 11 de agosto de 2017.

Atypical cuenta sin eufemismos ni idealizaciones cómo es tener 18 años en una sociedad como la estadounidense, pero va más allá. A pesar de ser un producto de entretenimiento termina siendo una muestra más de cómo estos productos pueden tener peso en la sensibilización hacia ciertos temas, al mismo tiempo que hace un trabajo interesante en la educación sobre los mismos. Por supuesto que uno no termina siendo experto en el autismo al ver la serie —como tampoco termina siendo un experto cocinero en blue meth al ver Breaking Bad—, pero sí supone un acercamiento a la perspectiva de quienes conviven con este trastorno.

Hablar sobre autismo, trastornos, síndromes, enfermedades o condiciones ya no es tema tabú (por suerte), al menos no en la República del Internet. Si hay algo realmente bueno que podemos sacar de la vida online es precisamente esto. En un porcentaje importante ya no es mal visto hablar libremente sobre que comenzaste a ir a terapia o sobre que tenés un hijo con síndrome de Down. Basta con escribir en el buscador la palabra «autista» para que San Google arroje miles de resultados sobre el tema, con distintos niveles de complejidad y profundización.

Pero a veces eso no es suficiente y eso es lo que hace valiosa a una serie como esta. La empatía llega más fácilmente cuando se le conoce a través de historias que de conceptos y números. No es lo mismo leer en alguna página de internet que uno de los «síntomas fundamentales del autismo» es la «deficiencia persistente en la comunicación y en la interacción social», que ver cómo Sam batalla para entender cómo funciona ese ritual adolescente de conseguir una novia. Tampoco será lo mismo leer que las personas con autismo tienen «patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades», que verlo y escucharlo hablar sobre la Antártida y los pingüinos.

Pero no piensen mal: la serie no es un documental ni mucho menos. Se trata de una sitcom en toda regla. Y por lo tanto hay algunas concesiones que sirven para darle movilidad a la trama o escenarios que serían, en la vida real, simplemente inviables. El autismo de Sam, por ejemplo, es uno altamente funcional. Claro, no quiere decir que no exista en la vida real, pero sería un error considerar que todas las personas con autismo son como él. Además, la tolerancia social y familiar que existe en su entorno es amplia y acaso comprensible en una sociedad más desarrollada culturalmente que las de los países del tercer mundo.

No obstante, Atypical es una historia profundamente humana que nos regala perspectivas que típicamente no vemos en la sociedad y que aborda otro tipo de diversidad que necesitamos comenzar a comprender también como una parte esencial de nosotros mismos.

¿Quién es Ricardo Corea?


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