Bram Stoker en el siglo XXI


José Adiak Montoya_ Casi literalA veces pienso que ciertos personajes, ya muertos, deberían poder asomarse cada cierto tiempo al mundo, como lo propone Luis Buñuel casi al final de Mi último suspiro, para poder ver lo que sus creaciones han logrado con el pasar de los años. Principalmente aquellos que murieron en situaciones precarias y cuyas obras hoy son patrimonio de la humanidad.

¿Qué pensaría Bram Stoker, que no a alcanzó a ver ni la primera adaptación cinematográfica de Drácula en 1922, al ver en lo que se ha convertido su personaje? Stoker murió en 1912 sin pena ni gloria en una Inglaterra que, en abril de ese año, no podía hablar de otra cosa que no fuera el naufragio del Titanic. Sin embargo, más de un siglo después de su muerte, el temido Conde Drácula es probablemente el personaje literario más famoso de todos los tiempos, seguido de cerca de Sherlock Holmes.

La cultura popular y el mito vampírico no se entiende hoy en día sin ese personaje del que se han hecho cientos de adaptaciones al cine y al teatro, parodias, videojuegos, caricaturas y del que se han escrito innumerables ensayos que hoy en día con distancia reconocen el inmenso valor literario de la obra, una novela atrevida y transgresora que empalma el gótico con la forma más moderna de novela a las puertas del siglo XX.

Hoy la figura del Conde, gracias a la familiarización que tenemos con ella, ya no resulta tan aterradora; sin embargo, en la novela es la personificación del mal en el mundo, de las fuerzas oscuras de un demonio que existe tal como el mito judeocristiano nos lo ha dibujado. Un ser atormentado, lleno de odio y resentimiento que busca instaurar su reino en la Tierra.

Al leer la novela es fascinante darnos cuenta que Drácula no aparece más que un pequeño puñado de páginas, talvez en unas veinticinco y no más; sin embargo, su presencia es omnipresente y opresora durante todo el libro. Siempre estamos sacudidos y temerosos de la materialización de un personaje que está siempre ausente y que hoy en día es parte indiscutible de nuestra vida.

Por todo esto me pregunto: ¿Qué pensaría Stoker si por un día pudiese regresar al mundo de los vivos y darse cuenta de que su malévolo conde vampiro ha logrado conquistarlo? Que un personaje literario saltó de las páginas de su libro para ser parte de la cultura de la humanidad, cuando quizá él solo quería demonizar en secreto la figura de Henry Irving, el tiránico actor de teatro al que sirvió de asistente durante largos años.

Preguntas sin respuestas. Solo la suposición de que probablemente regresar de la tumba no era una idea muy cómoda para el fundador del vampiro moderno, por algo su último deseo fue ser incinerado en una época en la que las incineraciones humanas no eran muy comunes. Talvez temía salir de su tumba y andar errante y condenado por la eternidad a la vida que no es vida, a la sed insaciable.

Talvez es mejor que no se entere. Talvez Bram Stoker sabía algo que nosotros no.

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