Las obras narrativas más extensas y más cortas de la historia de la literatura

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Vivian Mayén_ Perfil Casi literal

Contar con el suficiente tiempo para leer a nuestras anchas es un privilegio que no todos, aunque quisiéramos, podemos darnos. Ya sea porque no tengamos muy bien desarrollado el buen hábito o simplemente porque el sistema nos absorba, encontrar el momento adecuado para hacerlo puede resultar muy difícil para algunas personas. Lo cierto es que existe literatura para todos: para quienes tienen mucho tiempo y para quienes no tanto. A continuación hago un recuento de las obras narrativas más extensas y más cortas de la historia de la literatura.

La narración más extensa que se conoce hasta ahora es la novela francesa Artaméne o el Gran Cirus, cuyos posibles autores fueron Madeleine y Georges de Scudéry. Esta novela, con más de 13,000 páginas y más de 400 personajes, se publicó en diez tomos a finales del siglo XVII.

Otra de las novelas más largas —y seguramente más conocida que la anterior—, también es francesa: En busca del tiempo perdido, escrita por Marcel Proust. La novela consta de siete partes que se publicaron entre 1913 y 1927 (las últimas tres publicadas póstumamente), que en su conjunto conforman más de 3,000 páginas.

Así es posible mencionar, además, otras novelas que están entre las más extensas: El hombre sin atributos (Robert Musil, 1930; 1.560 páginas); Los miserables (Víctor Hugo, 1862; 1,468 páginas); Guerra y paz (León Tolstoi, 1865; 1,225 páginas); Los hermanos Karamazov (Fiodor Dostoievski, 1880; 1,212 páginas); El arcoíris de gravedad (Thomas Pynchon, 1973; 1,152 páginas); El conde de Montecristo (Alexandre Dumas, padre, 1844; 1,136 páginas); 2666 (Roberto Bolaño, 2004; 1,126 páginas); La broma infinita (David Foster Wallace, 1996; 1,104 páginas); La montaña mágica (Thomas Mann, 1924; 1,056 páginas); Lo que el viento se llevó (MargaretL Mitchell, 1936; 1,037 páginas).

En la contraparte están los relatos más cortos, entre ellos “El dinosaurio” (1959) del guatemalteco Augusto Monterroso. «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí». Este microrelato fue considerado el más corto de la historia de la literatura hasta principios del siglo XXI, ya que en 2005 aparece “El emigrante”, del mexicano Luis Felipe Lomelí. «-¿Olvida usted algo? -¡Ojala!»; y un año después se publica “Luis XIV”, compuesto por una sola palabra: «Yo.»; del español Juan Pedro Aparicio.

Esto demuestra que detrás de cada novela y cada microrrelato hay un creador que decide cuantas palabras son suficientes para contarnos su historia. Una sola palabra, un todo.

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