Nuestra Señora de la Soledad, el universo femenino tras una trama policiaca_ Casi literal

Nuestra Señora de la Soledad: el universo femenino tras una trama policiaca

Por LEO DE SOULAS | LA HECATOMBE

¿Quién no ha sentido la imperiosa necesidad de desaparecer del mapa, de refugiarse, de recomenzar?

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Leo¿Quién no ha sentido la imperiosa necesidad de desaparecer del mapa, de recomenzar, de refugiarse en un lugar donde no sea hallado ni reconocido por nada ni nadie que conforme su mundo? Una pregunta retórica cuya mera posibilidad es capaz de provocarnos vértigo y, sin embargo, apetecible mientras no transgreda los límites de la fantasía.

Quizá viajar y «desconectarse» por lo menos unos días o semanas del mundo cotidiano sea el sustituto más eficaz para hacer un poco real ese anhelo que parece surgir de un oscuro impulso de huida como un desesperado mecanismo para sobrevivir de la realidad que en muchas ocasiones agobia, hastía y deja amargos sinsabores en la lengua.

En parte, la literatura y el arte en general pueden evadir, pero una vez se despierta de la hermosa mentira, el mundo real sigue estando ahí y solo queda estrellarse ante la realidad que pareciera complacerse como el gato lo hace con el ratón en su juego mortífero, deleitándose en torturarlo antes de dar su zarpazo final. Vano es intentar sumergirse en las letras sin que ellas no dejen de pasar su factura y cobrar su precio: la locura.

Desde ya hace más de quince años que no leía una novela de Marcela Serrano, desde aquella novela con nombre de bolero que me impactó por su vitalidad a pesar de tener un desenlace gris. Me refiero a la novela Para que no me olvides. Pues bien, hace una semana cayó en mis manos otra novela de ella, titulada Nuestra Señora de la Soledad y, al igual que la anterior, no dejó de sorprenderme la hondura humana con que esta autora profundiza en los hechos.

La trama de Nuestra Señora de la Soledad —desarrollada bajo la estructura de una novela negra— es algo más que el juego de posibilidades que ofrece cualquier relato policiaco. No significa esto que se menosprecie la habilidad narrativa de la autora o que se eche de menos las cualidades del género. Por el contrario, es posible afirmar dos cosas al respecto: primero, que por su propia naturaleza de misterio el género suele ser muy atractivo y popular entre lectores; segundo, la narradora chilena demuestra conocimiento del género y dominio técnico en la construcción de la historia policiaca, de modo tal que el lector recorre las 269 páginas del libro con un interés que no decae y que invita a seguir leyendo.

Pero el relato supera estos dos aspectos al enriquecer el desarrollo psicológico y humano del protagonista femenino: Carmen L. Ávila, una famosa escritora chilena con una vida estable y bien posicionada que, al regresar de una feria del libro en Miami, desaparece sin dejar rastro alguno. El caso es seguido de cerca por la detective Rosa Alvallay, quien usa su intuición y sensibilidad femenina para interpretar los indicios e ir desentrañando el misterio.

A través de su trabajo literario y de otras referencias de la vida pública de Carmen L. Ávila, Alvallay no solo logra resolver el caso, sino que llega a crear una conexión profunda con el personaje que va conociendo y comprendiendo conforme va adentrándose en los abismos insondables de la mujer. Desde este punto de vista la obra es de un contenido profundamente femenino en el que la mujer va cotejando sus propios miedos, temores, complejos y sentimientos ante el modelo que le ofrece la libertad desfachatada de la otra.

Alvallay no solo logra ver desnuda a la otra mujer, sino que se ve a ella misma a través de la escritora: una mujer con tanta libertad y agallas que le permiten darle la espalda al mundo de comodidad que ha creado para comenzar de nuevo en el anonimato de una vida insignificante. Se necesitaría ser demasiado grande para cambiar el brillo de los reflectores por la paz de la soledad y del amor.

Pero, inclusive, más allá del sentimiento femenino se resalta también el conflicto existencial humano, la necesidad de darle un sentido a la existencia que solamente despierta a partir de un hecho notable y catastrófico en la vida de la escritora Carmen L. Ávila y que la lleva a tomar la decisión.

Sin duda, Nuestra Señora de la Soledad es un libro que merece ser leído desde múltiples perspectivas que van más allá de la construcción de una buena novela policiaca.

 

 

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