Guatemala (y sin embargo, la quiero)


Noe Vásquez ReynaGuatemala es parte de un Istmo de barro, una Centroamérica pequeña que ve migrar a tantas hijas e hijos expulsados con los días del calendario. Una Centroamérica que recibe remesas que sostienen una economía insostenible.

La desigualdad está dibujada/grafitada/tatuada en los paredones y en los cuerpos abandonados, marginados, carcomidos y reducidos a vidas precarias, las que todas y todos podemos ignorar sin sentir que perdemos algo. Como si no supiéramos que a una sola/a uno solo le roban la dignidad, la dignidad de cualquiera puede ser pisada/quebrada/desollada sin que nadie lo impida.

La mentira es la transacción de rutina diaria. Disfraza los barrios de hambre y los trabajos extenuantes sin satisfacciones en la imagen inventada colectivamente de lo que concebimos como ciudad, modernidad, país, libertad. La mentira nos pinta los labios para el solemne respeto al cadáver de la autoridad y la jerarquía. Nos disfraza la explotación voluntaria en algo llamado éxito que nos convierte en dementes que fingimos/actuamos/hacemos performance sobre realidades cóncavas que invitan a conocer/saltar/besar precipicios cada metro y medio, como último acto de ensueño/ensimismamiento/anomia.

En Guatemala el tiempo es turbio/denso, es una masa amorfa por esculpir que pierde valiosos segundos en tallar dinosaurios atrofiados con la brutalidad medieval del dios del dueño de finca: «racista, misógino y patriarcal». Los tres tiempos tienen el mismo rostro en sus tres caras/fauces/antifaces que cubren el hambre. Todo se repite en una cooptación de sueños: de vidas cooptadas que se heredan y se multiplican. Tiempos que se repiten a la potencia de tres en una espiral de arena volcánica capaz de carbonizar y sepultar comunidades.

Guatemala ve impasible (por miedo, por trauma y cansancio) cómo se derrumba todo con la corrupción, el crimen organizado y el saqueo de los malditos que visten todos los días traje de oficinista. Guatemala es, como bien lo intuyó Juan Pensamiento Velasco en una obra: una mujer (no recuerdo si indígena) desgarrada, golpeada, violada (intuyo más de una vez), y que en julio de 2021 acumuló más de 10 mil familias de luto por el COVID-19, decesos que dios no esperaba tan pronto.

Guatemala es un poema triste escrito con incoherencias, como leyes “provida” y niñas pariendo y abortando niñas y niños de manera clandestina.

Guatemala harta con sus golpes tan profundos, el desaliento constante y el olor a represión que se esparce por todas partes, que criminaliza a quienes tienen raíces que defienden la tierra y la verdad. Es seguro que mantener la impunidad es un negocio caro para contar con policías, narcos, empresarios, religiosos, abogados, jueces, fiscales, soldados, generales, magistrados y presidentes.

Guatemala pareciera una historia desastrosa con una tristeza que ya llora sin sentido. Y sin embargo —como diría Joaquín Sabina—, y sin embargo, la quiero.

Y si la quiero, que no me nuble eso que llamamos arte y cultura para no tener una postura política, ante todo lo que nos roban, ante tanta amenaza para quitarnos la ternura y el derecho de vivir una vida digna: #RenunciaGiammattei #RenunciaConsueloPorras

*CACIF: Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras, que ha financiado ilegalmente a partidos políticos y presidentes en Guatemala.

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