El tristísimo legado de «El Bromas»


Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

Quienes piden el Oscar para #Joker son personas que no acostumbran a ver cine de autor y ahora hablan de paleta de colores y dirección de arte con la misma pasión ignorante con que describían la entrada de Thor en Wakanda. Lo cierto es que esta película dista de la perfección y su mensaje no le ofrece nada nuevo a quien haya visto Taxi Driver, Fight Club o cualquier episodio de Happy Tree Friends.


7 comentarios

Angélica Quiñonez_ Perfil Casi literal 2El estreno de Joker este 3 de octubre podría describirse como un terremoto cultural. Entre las críticas de grupos feministas, los premios, las ovaciones de 8 minutos y las alertas de violencia en cines norteamericanos, la película acarreaba un torbellino de expectativa. Tal parece que el mundo no está listo para soltar a sus ídolos con capa y mayones, y la discusión sobre su presencia e influencia artística aún tiene mucho spandex por cortar.

Muchos críticos dicen que el boom de películas de superhéroes empezó en 2000 con la primera iteración de X-Men. Desde entonces, las tramas se han graduado de los villanos estrafalarios para incursionar en el crimen organizado, la desigualdad social y el terrorismo. Talvez no sea coincidencia que las películas hayan adoptado tonos más oscuros a medida que su audiencia clave, los millennials, maduraba de la adolescencia hacia la adultez. O más bien, de una adolescencia a otra, si te pones a pensar que hay muchísimos hombres mayores de 30 que salen a la calle con playeras de Batman. Joker no es la primera película de superhéroes clasificada para mayores de 17 años. Blade, Hellboy, Deadpool (1 y 2), Logan y hasta la animada The Killing Joke ya habían llevado a los muñequitos de los cómics hacia el mundo de los adultos con harta violencia y desnudez.

Todo se ha dicho y hecho sobre la calidad de producción que tiene esta película, pero mi verdadera fascinación está en las conversaciones que ha abierto en política, cinematografía y salud mental. El interés en estos temas morirá alrededor de Halloween cuando nos rodeemos de Guasones, Harley Quinns y Pennywises con sobrepeso y estrías, pero vale la pena evaluar por qué logró la validez artística y sociológica que en su momento no recibieron otras películas de muñequitos con ambiciones de seriedad.

Saquemos mi percepción del camino: Joker es una buena película. Claramente fue hecha con una estética única y evoca símbolos, estilos y códigos más afines con el cine neo-noir que los blockbusters. Los clamores por el Oscar seguramente vienen de aquellas personas que no acostumbran a ver cine de autor y ahora hablan de la paleta de colores y la dirección de arte con la misma pasión ignorante con que describían la entrada de Thor en Wakanda. La película dista de la perfección y su mensaje no le ofrece nada nuevo a quien haya visto Taxi Driver, Fight Club o cualquier episodio de Happy Tree Friends.

Joker es la oportunidad que muchos millennials estaban esperando para finalmente integrarse a los gustos y placeres de adulto, aun si es con la segunda película sobre payasos antisociales de 2019. Pero hablemos ahora de salud mental. Según una entrevista con Todd Phillips, director, la representación de Joker selecciona múltiples síntomas que ningún psiquiatra puede diagnosticar específicamente. La cinta no tiene la clase de enfoque y final que sugiera que la terapia, un sistema de soporte y la adecuada medicación marcan una diferencia en la vida de las personas; más bien, explota el melodrama de la enfermedad mental en favor de la narrativa. Por supuesto, eso no tiene ningún problema porque nadie debería buscar lecciones de desarrollo emocional en una película de supervillanos; sin embargo, muchos espectadores han desplegado su ignorancia para interpretar a Arthur Fleck con un mensaje como: “Todos somos el Guasón y esta sociedad en que vivimos nos enferma”.

Los asesinatos de los jóvenes ejecutivos del metro, Thomas Wayne y Murray Franklin solo representan los fantasmas que constantemente culpamos de la decadencia social: la economía, el gobierno y los medios. Fallamos en reconocer que tenemos una responsabilidad personal y preferimos culpar al sistema de nuestras propias deficiencias. Por eso es tan engañosamente encantadora la rebelión violenta de «El Bromas». Si nada tiene sentido, burlémonos.

No creo que los grasosos millennials que ahora comparten las frases de Fleck junto con un extenso párrafo sobre las trasgresiones del gobierno, el feminismo o el precio de las cervezas vayan a sorprendernos con una gira homicida, pero sí pienso que la narrativa del hombre blanco oprimido por la sociedad está hecha hasta la muerte y es un enorme retroceso en una época que lentamente ha aprendido a interpretar los privilegios sociales.

Aclaro: no estoy diciendo que Joker debió enfocarse en las desdichas de una mujer afroamericana homosexual con bajas salariales, pero hay algo profundamente decepcionante cuando la historia del héroe byrónico persevera en los chicos cuya idea de opresión consiste en que alguien objete a su meme chauvinista, clasista, racista o simplemente estúpido. El chiste, irónicamente, se cuenta solo.

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Plural: 7 comentarios en “El tristísimo legado de «El Bromas»”

  1. Como opinión está bien. Es sólo eso. La autora pretende hacer un análisis de los que hacen análisis, su escrito se queda en una mera lista de comentarios sobre el fenómeno de moda. Nada original. De lo que sí peca Quiñonez es de arrogancia, falta de realidad y mucho prejuicio con los supuestos únicos admiradores de la película, los millenials, al señalarlos de gordos, grasosos y estriosos. Como si ella nunca hubiera estado frente a un espejo.

      1. Tuve la desdicha de seguir a Angélica Quiñonez en Instagram y verla en espectáculos de Comedia con Banquito. Conforme pasaba el tiempo comencé a notar cómo se iba volviendo más amarga, más resentida y más abusiva. Y sigue con este frenesí de decadencia. Ahora ya no la sigo más. Pero creo que no debería perder el piso y fijarse más en su realidad, para no reírse con perejil en los dientes sin darse cuenta, o notar que al usar sandalias, sus pies parecen de hombre.

  2. Completamente de acuerdo con Rodrigo, hasta siento que en su análisis tiene un trasfondo de “amargura”. No le veo lo malo a la gordura y las estrías, ojalá a ella nunca le salgan.

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