Y deja lo humilde: también soy buena persona

Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

Imagino que es mucho más fácil golpearse el pecho por millones de desconocidos: hay suficientes cifras para restregarle en la cara a la gente que está hablando de cualquier otro tema y es un método infalible para destruir una conversación. Alguien tenía que decirlo: ponerte triste por la gente pobre y los niños muertos no te hace una mejor persona.

El laberinto del tiempo

Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

Imagino que existe una justificación psicoevolutiva detrás del arrepentimiento. Quizá en una era tribal surgió para que evitáramos las conductas que nos hacían daño a nosotros y a nuestro clan, pero ahora estamos considerablemente más solos y escrutados. Nuestros arrepentimientos nos acompañan en cada pequeñísimo detalle, como dedicar un libro o compartir un beso.

Nadie en el planeta se acuerda de Avatar

Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

Si estás leyendo esto, te reto a que nombres un solo personaje de esta película de James Cameron. Puntos extra si puedes darme el nombre de alguna de las criaturas o si conoces al menos una frase del idioma ficticio que desarrollaron exclusivamente para el guion.

El fetiche de la tristeza

Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

El problema de enamorarte de un personaje literario (o cuasi-literario) es que tarde o temprano te das cuenta de que su vida se termina cuando cierras la contratapa. Romantizamos a los enfermos mentales, a los suicidas y a los violadores porque nos hacen creer que nuestra tristeza nos convierte en algo más hermoso que patético.

Memorias mínimas

Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

Las relecturas son lo más cercano que tenemos a una máquina del tiempo. Los libros dejan algo en nosotros, pero más comúnmente dejamos algo nuestro en ellos. Es tan humano rehusarse a olvidar: esa debe ser la razón por la que existe el papel. En la novela El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy, la infancia se parece más a una tierra de nadie.

La inexplicable belleza de un bonsái

Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

La gente dice que la ficción es un refugio escapista, pero lo cierto es que la atesoramos cuando captura algo que hemos sentido, interpretado por otros rostros como genios malignos o vampiros postapocalípticos. Los libros no tienen otro propósito que el que les inventamos.

Juguemos a las muñecas

Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

Nuestra identidad es solo la contemplación y memoria de todo cuanto nos ha conmovido.

Si es gratis, no es de putas

Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

“En Centroamérica vivimos una cultura de vergüenza y culpa. Cuando tenía 12 años mi papá me vio vestida con una minifalda negra y me advirtió con absoluta seriedad que ya nadie me veía «como una nena». En el momento no entendí qué significaba eso, pero dejé de usar la falda porque me hacía sentir culpable y sucia”.