Eternals: El hermoso desastre de Marvel


Angélica Quiñonez_ Perfil Casi literal 2En este punto, las películas de superhéroes de Marvel son el ícono cinematográfico de la cultura dosmilera. Por odiadas, veneradas, sobrevaloradas y galardonadas que sean, han sido y siguen siendo las más comentadas y exitosas, ocupando un 30% del Top 10 en la taquilla global. Desde 2008 —cuando inició el entonces inverosímil proyecto de un universo cinematográfico plagado de celebridades y ejércitos de CGI—, el mundo entero ha seguido la saga de hombres robot, supersoldados, brujas rojas, dioses nórdicos, hechiceros y extraterrestres, al punto que es válido comenzar a preguntarnos si ya es demasiado.

El crítico Leo Braudy alguna vez escribió que las películas de género (genre) consistentemente le cuestionan a la audiencia si aún creen en esa fantasía. La popularidad ocurre cuando la audiencia asiente y continúa consumiendo las premisas del formato: los finales felices, los casos cerrados y las bestias derrotadas. Pero el cambio, dice Braudy, solo llega cuando la audiencia comienza a rechazar al género como algo infantil y excesivamente simple. Es entonces cuando los productores pueden recurrir a una de las cuatro perspectivas sobre el género: parodia (Deadpool), nostalgia (Captain America: The First Avenger), revalorización (Spider-Man: Homecoming) y desmitificación (Logan). Pero casi quince años después, hasta estos acercamientos están agotados, y por eso lega la perspectiva que llamaremos hibridización.

La oferta de la Fase IV del MCU ha visto combinaciones de la fórmula superheróica con el thriller de espionaje en Black Widow, la aventura de kung fu en Shang Chi and the Legend of the Ten Rings y, más recientemente, con la ópera espacial de Eternals. Mientras las dos anteriores han tenido una recepción tibia, la épica de Chloe Zhao (ganadora del Óscar a mejor dirección por Nomadland) ha sido descuartizada por audiencias y críticos.

Algunas de las críticas tienen fundamento en la estrecha narrativa analéptica, la rareza de los personajes y la separación de la saga actual. Otras críticas en el lado estúpido hablan de la innecesaria inclusión de personajes de diversidad étnica y sexual (que incluye el primer superhéroe abiertamente gay), pero lo cierto es que Eternals no merece todo el odio que ha acaparado. Veámoslo de forma objetiva: su narrativa se extiende hacia los miles de años y distancias interdimensionales; y aun así construye una historia emocionalmente cargada e íntima.

El reparto se aparta de los estereotipos hollywoodenses y logra, a pesar de las restricciones de rol, causar una impresión memorable. Incluso el villano plantea un dilema más complejo sobre ética y existencialismo que el Titán que quería desaparecer a medio mundo. La cinematografía prescinde en la medida de lo posible de las pantallas verdes y la mayoría de los efectos especiales son más prácticos que digitales.

Sí, Eternals tiene sus problemas de trama, pero hubo narrativas más aburridas en Thor: The Dark World o Iron Man 2. Ha habido desastres de representatividad en Doctor Strange y (otra vez) Iron Man 3. Y estoy bastante segura de que nadie recuerda conmovedoramente la trama de Ant Man and the Wasp. El tristísimo fracaso de Eternals consiste en traer las fortalezas estilísticas de la ópera espacial a una franquicia que ya compite con la saga galáctica más famosa de la historia. En un giro de ironía, cada minuto de la repudiada Eternals expone con mayor sensibilidad el fiasco de Rise of Skywalker. Zhao supo crear la cinta que Marvel no necesitaba pero que Star Wars merecía.

Lo cierto es que Disney no está persiguiendo la corrección política tanto como la variedad en sus propuestas creativas. Las fórmulas están agotadas desde hace más de una década, pero las audiencias que claman por variedad continúan rechazando la innovación que osa separarse de la Infinity Saga. Parte del temor que inspira el monopolio de la Disney Company es esta uniformidad de sus producciones y la forma en que limita a su misma audiencia para interesarse por nuevos contenidos.

Vuelvo constantemente a la frase de la paria de los estudios del ratoncito, que más o menos dice: «No estamos obligados a hacer historia, ni arte, ni un manifiesto, sino a ganar dinero. Sin embargo, a veces ganar dinero requiere hacer historia, arte o un manifiesto».

Michael Eisner, años antes de ser expulsado de la compañía, supo entender qué ruta tomarían las iniciativas más ambiciosas e innovadoras que Disney ha emprendido. Poco a poco, la cartelera se parece más a una rutina que un escape, y empiezo a pensar que este designio siempre estuvo al mando, acaso como uno de esos seres que escribe la realidad sin recordar su pasado. ¿Cómo era que se llamaban?

[Foto de portada: Marvel Studios]

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