A orillas del fuego, de Negma Coy

Alejandra Solórzano_ Perfil Casi literalTengo en mi mano un frasquito de agua florida que la poeta kaqchikel Negma Coy me dejó a su paso por el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica. Tengo en mis manos su libro. Ambos objetos en sustancias diferentes, son para curar.

Vertí unas gotas en mis manos para oler, para que el aroma entre al cuerpo, dibujé una cruz en la frente, una en la boca y una en el pecho. Traigo a la mañana las palabras que intercambiamos ayer por la noche (horas de conversación).

En la poesía de Negma hay respuestas a las preguntas necesarias. Su escritura es plural: kacqchikel, glifos y, más que poesía, es racionalidad poética. El universo que la constituye está en cada texto: Negma Coy la pintora, Negma Coy la actriz, Negma Coy la música, Negma Coy la académica… Negma Coy, o la caminante de años para encontrarse a sí misma.

Su poesía es un manifiesto guardián de la sabiduría de todos los abuelos y abuelas. A orillas del fuego es un libro para curar el vacío de la colonialidad de nuestro tiempo, la erosión; y ante esto, la poeta nos da nuevas claves para sentir-nos. Poesía necesaria de mirada crítica. Lo sagrado está en cada gesto de lo cotidiano. «Estornudo del volcán de fuego» nos habla de esto:

Rach’ixin  ri  q’aq’  xkanul

Pa  wo’o’  ramaj  chire’  ri  tiqaq’ij

A  Juan  nichon  qa  rik’in:  nusi’  janila  raläl,  k’o  chi  yib’e  apon  chi  wochöch  toq  k’a  majani’  yech’ich’an  ta  ri  taq  tzilin  ch’ich’  ruma  ntok  pe  ri  aq’a’.

¡Xjilijo’  ruma  jun  ab’äj!

Xexik’an  el  taq  rusi’   k’a  ri’  a  Juan  k’a  pa  rub’ey  ya’  xb’etzaq  apo  pa  maj,

jun,  ka’i’,  oxi’,  kaji’,  wo’o’,  waqi’,  wuqu’

taq  xuna’  ruwäch  k’o  wi  k’a  pa  rutun  jun  mama’  rak’arik  jay,

ri  kaq’ïq’  xuk’etetëj  ruchi’   käq  käq  na  xkib’en  na  pe,

pa  jun  ramaj  k’anej  xraxaj  chi  k’o  xb’ojbo’

xtzun  kan  chi  rij  k’a  ri’  chupam  ri  nimaläj  juyu’  xar  rub’onil  xutzu’  jun  nïm  raqën

käq,  kaqköj,  q’än

kan  xtz’intz’ot  rupaläj

toq  xb’ojb’o’  rik’in  jun  rutzil  ruwäch.

Waqxaqi’,  b’eleje’,  lajuj,  julajuj,  kab’lajuj,  olajuj

Juan, Juan, Juan,

ri  xkanul,  ri  xkanul,  ri  xkanul.

Xuyek  pa  rujolom  ri  ramaj  ri’  ri  achik’  ri’

ri  xusipaj  qate’  ruwach’ulew  chi  re’,

eqal  eqal  xuna’  ronojel  ruch’akul

k’a  ri’  xril  rusi’  pok’ol  k’a  ke  la’.

En español:

Estornudo del volcán

A las 5 de la tarde

Juan se decía: mi leña pesa mucho, pero debo llegar a casa antes que las campanas /informen la entrada de la noche.

¡Una piedra lo destanteó!

La leña voló y a la orilla del mojón Juan se deslozó en el maj

Jun, ka´i, oxi´, kaji´wo´o, waqi´, wuqu´

En lo más alto del rascacielos se descubrió,

El viento pellizcó su piel hasta ponerlo rojo rojo

En un instante un estallido en lo lejano escuchó

Volteó su rostro y a lo profundo de aquel bosque azul

Al gigante visualizó,

Rojos, naranjas y amarillos

Su cara resplandeció

Justo cuando el sonido del saludo explosivo llegó,

Waqxaqi´, beleje´, lajuj´, julajuj´, kablajuj, oxlajuj

Juan Juan Juan

El volcán, el volcán, el volcán

Grabó en su memoria aquel instante de ensueño

Que la Madre Tierra le regaló,

Lentamente su cuerpo reaccionó

y su leña regada encontró.

Musicalidad, texturas sonoras, ritmo y sentido, intenciones que la poeta nos entrega para cumplir un claro propósito: lo trascendente está en lo inmanente. Lo que parece inefable en realidad se configura en cada acto de la vida.

Coy ofrenda coordenadas para la poesía —la que no se escribe y la que sí—: el valor delirante de la ternura, de la pluralidad de signos que nos hacen ser símbolos, lenguaje que la escritora rompe para mutar en innumerables formas, como bien lo hacían nuestras abuelas y abuelos en el libro sagrado del Pop Wuj para para hacer justicia, es decir, para colocar cada ser en el lugar que le corresponde y asegurar de esa manera la armonía de nuestro entorno.

Jugar con el lenguaje, desmembrarlo, rehacerlo para desaprender aquello que nos distancia de nosotros mismos, para volver a nuestra esencia.

Mokaj

Pa  tinamït:

Ri  achi’a’,  ri  ajb’anöy  kuqulbäl, ri  ak’wala’,  taq  b’ey,  taq  tinamït,  taq  chikopi’,  taq  juyu’,  ri  kaj,  ri  choy,  taq  kär,  taq  tz’ikin,  ri  tijonela’,  ri  ajk’amol  b’ey

Chuqa’  ri  tinamït  kichin:

Ri  ixoqi’,  ri  ajk’amol  b’ey,  taq  jay,  taq  ab’äj,  taq  kotz’ij,  taq  k’ayinela’,  taq  tinamït,  taq  awën,  ri  ajchupuy  q’aq’,  taq  jäb’,  taq  xajonela’,  taq  achib’äl,  taq  ruchi’  tinamït

Xekos  yan  ruma  taq  mokaj je’

(la, el, lo, las, los)…

rije’  nikik’utuj  kik’ojlem.

En español:

¿Artículos?

En el ciudad de:

las hombres, las actores, las niños, las caminos, las pueblos, las animales, las cerros, las cielos, las ríos, las peces, las pájaros, las profesores, las presidentes

y la pueblo de los:

los mujeres, los directoras, los casas, los piedras, los flores, los vendedoras, los ciudades, los milpas, los bomberos, los lluvias, los bailarinas, los fotos, los comunidades

están cansados de las artículos (la, el, lo, las, los)

y exigen solo, SER.

Poesía que cuestiona y con visión de mundo, lúcida contra la violencia y el racismo. Intelecto, intuición, energía, amor profundo y ternura, porque sobre todos los gestos —incluso la rabia, el odio como respuesta a lo inhumano, a lo injusto— entre la poesía de Negma prevalece la ternura como forma de resistencia fundamental.

«A orillas del fuego», que da nombre a este libro, también «En el ombligo del cielo», «Abuelo Piedra», «Kame», «Maiky», «Hasta el otro sol» y otros poemas, nos presentan con el tacto sutil de la madurez y la sabiduría en la escritura, más que un cuestionamiento, un llamado a la comprensión de los conceptos de vida y muerte como senderos correlativos, porque en un sistema occidentalizado como el nuestro, la muerte es solamente cesación de consumo, cuerpos depositarios de miedo, violencia y poder; cuerpos corruptos que ansían tener y acumular. Y sobre esta fina línea de cuestionamientos, la poeta aborda los temas: muerte, vida en una diada, símbolos —como advierten los fenomenólogos de lo sagrado— que habitan nuestro vivir dualécticamente.

Poesía que trae consigo a sus ancestros, continuidad, abuelas y abuelos poesías también. En todos sus poemas hay una contundente actitud político-amorosa: «Memoria», «Camino a casa» y otros textos tienen el amor como premisa ético-política para defender la vida, las energías y las fuerzas espirituales que configuran lo que somos.

Pienso, después de leer el libro de Negma Coy —agua florida para nuestro Chumilaj— que “Nuestra misión en los brazos de la Madre tierra”, como dice uno de los versos del libro, sea comprender que la poesía es un configurador existencial de lo cotidiano, este gozo al tiempo positivo como negativo de nuestra legítima existencia; es con-vivir, es la con-vivencia, es al fin recuperar nuestra conciencia de ser y estar con los/as demás y para los/as demás, por eso es que los símbolos que habitan este libro son elementos terrestres en los se hospeda el sentido real de nuestra vida, nuestro compromiso con la existencia. No hay otro lugar.

Tres veces gracias, Negma Coy.

¿Quién es Alejandra Solórzano?

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