La naturaleza contraataca

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Eynard_ Perfil Casi literal

Pachamama recuerda cómo la hicimos temblar

en bello balance de vida y muerte.

Nacho

No le deseo ningún mal a nadie y, claro, esto a todos nos afecta, nos compete y sufrimos o sufriremos por igual, algunos más tarde que otros pero al final así será, pero lo que quiero resaltar son las catástrofes climatológicas más recientes y las que se avecinan y el papel que hacemos en todo este drama.

No haré un reporte climatológico ni nada por el estilo sino que no encuentro explicación a mi alcance para que la mayoría de seres humanos que habitamos el planeta no nos alarmemos y empecemos a tener un poco de más conciencia por el mundo, la tierra, la Pachamama que nos rodea, nos abraza, nos protege y destruye con su furia, etc.

Aquí en el país, en Guatemala, país de la eterna primavera que cada vez está siendo menos eterna y más frágil (por no decir casi inexistente) me enteré a través de comentarios aislados que, valga la redundancia, me comentaron, otros que escuché de shute, otros que leí en el Facebook y otros que medio ojeé en Twitter (no tengo cuenta ahí, por eso solo ojeé) que se le daba la bienvenida a la lluvia con palabras muy poéticas (no es sarcasmo) como “oh lluvia bendita que nos das vida”, “oh lluvia que por fin has venido a refrescarnos”, “oh las primeras gotas que tocan la tierra como un beso”, “oh lluvia al viniste al fin”, etc. Muchos comentarios de este tipo son ciertos y tienen mucha razón porque es verdad que ya nos estábamos asando con este sol abrasador y necesitábamos un refrescón, pero lo curioso y cruel del asunto es que las primeras lluvias que caen ahora en este mundo lisiado son lluvias ácidas. Malísimo, verdad, pero así es. La contaminación ha llegado a calar tanto que es lo primero que probamos cuando, ilusamente y con mucha esperanza, creemos que es algo así como la salvación. Hagamos de caso que estamos en una lucha cuerpo a cuerpo y nos prestan una espada para vencer al oponente pero esa espada nos quema las manos y nos daremos cuenta de eso en unos treinta años, es decir que nos ayudó mucho la espada pero al final nos jodió. Bueno, esto ya lo sabemos y cualquiera lo puede saber con poner atención sobre lo que se habla del tema ambiental y/o investigar un poco, da lo mismo. Con el conocimiento ya adquirido la mayoría nos podemos resguardar en nuestras casas, con ropa para la ocasión, hasta con mascarillas o lo que sea, pero me pongo a pensar en esos animalitos que aún viven a la buena de Dios, ya que fijo que nosotros ya nos alejamos de esa buena de Dios y como que creamos nuestro propio universo y tenemos creaciones hechas con barro y soplidos mágicos… (esto sí es sarcasmo, si es que bien me salió…). Pues bien, estos animalitos no tienen idea de que están bebiendo lluvia ácida y ni tienen idea de los daños que eso ocasionará en sus cuerpos o en su descendencia más tarde y siguen así como si nada, sufriendo las consecuencias de nuestros actos.

Esto son solo las primeras lluvias, después vienen los torrenciales que crean inundaciones que seguramente ya están en muchos lugares del mundo en este momento y demás calamidades como la oleada de tornados en Estados Unidos los están azotando bárbaramente (menciono esto porque es la noticia más reciente y de mayor envergadura que nos ha llegado en los últimos días en relación con lo que estoy diciendo y también con la salvedad de que ese país es uno de los mayores, si no es que el mayor, contaminante del planeta entero).

En fin, a mí esto se me hace un grito desesperado de la naturaleza que está diciendo que está harta de lo que estamos haciendo, del mal que perdurará para toda la vida seguramente o que tardará unos miles de millones de años en recuperarse del zarpazo mortal.

Fervientemente creo que nosotros podemos ayudar a menguar este grito desesperado con, aunque parezca trillado, pequeñas acciones desde nuestra ínfima y sin importancia humanidad (aunque para esto somos muy importantes, somos una hormiguita del hormiguero o un engranaje de la gran máquina como dice Sabato). La solución desde nuestra ínfima humanidad creo que es muy sencilla y estoica (como Séneca): no consumir más de lo necesario (aparatos electrónicos desechables, botellas PET, plástico, duroport, etc.). Así es, asunto arreglado y prácticamente una conciencia salvada (digo prácticamente porque desde que nacemos ya somos culpables, Kafka lo dice muy bien). Además, aunque no lo crean, uno de los mayores daños ambientales que existen es por el consumo de carne que se ha incrementado en el último par de décadas, cosa que también creo que hay que tomar en cuenta como seres humanos «sensibles y evolucionados» como las palabras del exvocalista de Bersuit Vergarabat, Gustavo Cordera, dicen: Es muy difícil evolucionar en tu sensibilidad si comes carne. O las de Santana: Yo no como carnes porque resalta las cualidades negativas como miedo, enojo, ansiedad, agresividad, etc. Los vegetales se ofrecen a la tierra y permiten, que el proceso pensamiento-consciencia se desarrolle de una manera sublime y llena de paz. (Para los que quieran enterarse del impacto ambiental que provoca la industria de la carne pueden ver el documental brasileño La carne es débil en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=ilD5MrQbUsk).

Creo que nosotros tenemos que tomar posiciones porque es más que evidente que la mayoría de gobiernos de los países del mundo son estúpidos, ineptos y egoístas. Esto fácilmente puede comprobarse con la respuesta violenta que tomó el gobierno de Turquía con manifestaciones que se oponían a la construcción de un centro comercial en el parque Taksim Gezi. Eso es pura represión como la de mano dura, pero eso es otro tema.

En literatura se ha hablado mucho sobre la civilización y barbarie que propuso Sarmiento, pero creo que este momento es más evidente que nunca para estar más que seguros que el único bárbaro es nuestra especie.

¿Quién es Eynard Menéndez?


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