Richard Dawkins: El espejismo de Dios


Por FERNANDO VÉRKELL | LIBROTARIO

Una vez te liberas del terror al sufrimiento eterno eres capaz de pensar y reflexionar. La religión misma deja de tener sentido sin un infierno. No es necesario ser religioso para ser buena persona.

Anuncios

No hay comentarios

Crecí —como casi todo el mundo— en un hogar religioso, fatalista, fanático y temeroso del fin del mundo y del infierno. Durante mi adolescencia me consideré cristiano y frecuenté una iglesia. He leído la Biblia cinco o seis veces. No sé cuándo comencé a cuestionar las enseñanzas de la religión, pero no hubo vuelta atrás: la abandoné y no volví. Perdí amigos y familiares. No me arrepiento. Nunca dejé de creer en Dios aunque no pude explicar qué clase de dios era el mío. Fiel a mi costumbre, busqué respuestas en los libros.

Dawkins me gusta porque es radical: dice que eres ateo o te resignas a ser fundamentalista porque, según él, los agnósticos son débiles y haraganes. Cuestiona la creencia en la creencia y da en el clavo: una vez te liberas del terror al sufrimiento eterno eres capaz de pensar y reflexionar. La religión misma deja de tener sentido sin un infierno. No es necesario ser religioso para ser buena persona. Siempre pensé que el dios del Antiguo Testamento era terriblemente cruel y sanguinario. Me gustó encontrar esa misma idea en labios de Dawkins.

Este libro arremete contra todos: el Infierno, Jesús, la Trinidad, NOMA, el laicismo, los agnósticos, los fundamentalistas gringos y, por colonización, los pentecostales chapines. Los amaños en la concepción de la Biblia como tal.

Una lectura brillante y controversial que me dejó a un pasito del ateísmo radical.

El espejismo de Dios, Richard Dawkins, Casi literal

¿Quién es Fernando Vérkell?

¿Cuánto te gustó este artículo?

Califícalo.

0 / 5. 0

Anuncios

Deja un comentario