El hombre que detuvo un tanque_ Casi literal

El hombre que detuvo un tanque


Por DARÍO JOVEL | FLORILEGIO DE UNA MEMORIA ACCIDENTADA

Hacer algo sabiendo que no saldrá bien y que será inútil, pero hacerlo de todas formas por el simple hecho de que es lo correcto, debería ser de las sensaciones más satisfactorias que pueda experimentar un humano.


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Darío Jovel_ Perfil Casi literalEn 1989, un hombre —que probablemente trabajaba en una oficina— se encontró de frente con una fila tanques que tenían por destino una plaza local. Él, armado con bolsas de comestibles, les cortó el paso. Durante dos minutos agónicos se le ve golpeando el metal, subiéndose a la máquina e intentando hallar algo de humanidad en su interior. Finalmente otros civiles lo vieron y lo apartaron del camino.

Esto sucedió en China, en el marco de las protestas de Tiananmen. Este señor no posee estátuas, nadie sabe su nombre y tampoco esperaba recibir likes en Facebook. Su misión fue en vano: los tanques pasaron y se usaron contra quien se debían usar. Es imposible saber lo que pensaba, pero hoy, más de treinta años después, su hazaña aún parece casi novelesca.

Estoy casi seguro de que usted, lector, ha visto cientos de protestas; algunas a través de una pantalla y otras con sus propios ojos. A lo mejor usted formó parte de alguna. Ahora imagine que está solo, que usted no tiene nada que ver y, en ese ejercicio mental, introduzca una serie de tanques. ¿Qué haría? Si su respuesta es «nada», felicidades: sus neuronas funcionan. Ahora bien, supongo que usted se acuerda de Don Quijote. Vea entonces, que Cervantes no inventó nada.

Este tipo de heroísmo —si es que se puede llamar así— me parece especialmente formidable. Hay que tener mucho valor para arriesgarse por una causa que posee escasas probabilidades de triunfar, pero hace falta ser un loco para hacerlo a sabiendas de que el esfuerzo es en vano.

Este hombre, sin nombre ni apellido, sin la necesidad de teorizar tanto, sin el apoyo de nadie y en plena conciencia de que su acto sería inútil, se interpuso entre una plaza repleta de civiles y una fila de tanques. No fue capaz de evitar lo inevitable, pero durante dos minutos, durante fugaces segundos, él detuvo una masacre.

El heroísmo quijotesco tiene un mérito especial. Hacer algo sabiendo que no saldrá bien y que será inútil, pero hacerlo de todas formas por el simple hecho de que es lo correcto, debería ser de las sensaciones más satisfactorias que pueda experimentar un humano. Esas extrañas acciones son la muestra de que Thomas Hobbes no tenía, al menos no del todo, la razón al decir que nuestra naturaleza es egoísta y vengativa.

La hazaña del hombre en China quedó registrada en video y la puedes ver aquí.

[Foto de portada: Charlie Cole]

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