Castigada y sin recreo_ Casi literal

Castigada y sin recreo


Por LISSETE E. LANUZA SÁENZ | LEER (LA VIDA)

«Pero aquí estoy, castigada y sin recreo porque siempre hay uno que decidió no hacer caso y que sale todos los días en plena pandemia a ver qué hay. ¿A cuántos de ustedes no les pasa lo mismo?».


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¿Se acuerdan cuando estaban en la escuela y el profesor castigaba al salón entero —merecidamente— por x o y razón? En esos tiempos uno de los castigos más comunes era privarnos del recreo, el único momento que teníamos para hablar con nuestros amigos y divertirnos.

Yo era una de esas niñas bien portadas. Buena alumna, pero nada espectacular tampoco. Creo que de niña entendía bien mis prioridades y digamos que no era del todo mala. Siempre iba por ahí, justo en el medio. Pero en cuestiones de disciplina, lo mío no era hacer bulla ni causar problemas. Las dos veces que recuerdo haber sido enviada a la dirección por un profesor fue porque me agarraron leyendo un libro de literatura cuando debía estar leyendo otro, el de alguna materia.

Menciono esto solo para explicarles lo mucho que me molestaban los castigos generalizados. «El salón se portó mal, así que nadie tendrá recreo hoy». Era como mi peor pesadilla hecha realidad. Mientras que yo estaba comprometida con portarme bien, siempre venía un profesor a condicionar mi diversión a causa de la conducta de los demás.

Pues bien, réplicas de la vida porque en eso se ha vuelto esta cuarentena. Y aunque ya hace bastante que me gradué de la escuela, toda esta forma de castigar a justos por pecadores sigue sin gustarme para nada.

¿Cuarentena? Llevo más de cuatro meses que no salgo más que al supermercado o por alguna urgencia. ¿Amigos? ¿Qué son esos? No he visto a ninguno de los míos en persona desde mucho antes de la cuarentena. Pasé mi cumpleaños sonriéndole al teléfono. De milagro visito a mi mamá y las visitas son menos visitas, y más que yo soy la que hago el supermercado para ambas.

Pero aquí estoy, castigada y sin recreo porque siempre hay uno que decidió no hacer caso y que sale todos los días a ver qué hay, que no sigue las reglas porque cree que las reglas son para otros (para mí). Y así como en la escuela, todos sabemos quién tiene en realidad la culpa, pero eso no significa que podamos hacer nada al respecto.

Las reglas siguen existiendo y mientras existan habrá personas que las cumplen y otras que prefieren jugar a la ruleta rusa con el recreo de los demás. Excepto que la pandemia no perdona tanto como los profesores —es más, yo diría que no perdona en lo absoluto—. Pero eso ya no me preocupa tanto. Después de todo, yo estoy castigada.

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