Ahora resulta que todo es «acoso»


Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

Bienvenido al siglo XXI, donde todas tus estrellas favoritas están muertas o son violadores.

Anuncios

5 comentarios

Angélica Quiñonez_ Perfil Casi literal.jpgBienvenido al siglo XXI, donde todas tus estrellas favoritas están muertas o son violadores. Ya sea en Hollywood o en la Academia del Nobel, los escándalos de acoso sexual están a la orden del día. Y mientras la feligresía facebookera debate si esta es una conversación urgente o una cacería de brujas, yo sigo preguntándome si quedará alguna pieza de cultura contemporánea a la que pueda abrazar con ternura y nostalgia sin sentir la mano escurridiza de un Tío Raro. En cualquier caso, la conversación que nos compete a los siervos de la farándula es otra.

Hablar de sexo sigue siendo complicado en esta década. Sus tabúes se refuerzan con creencias religiosas, principios económicos y sistemas políticos que aparentemente defienden el mejor interés de la humanidad. Preservan unidades cómodas y comprensibles ―como la familia nuclear― con principios que castigan la promiscuidad, la homosexualidad y el aborto, entre otros fenómenos. He señalado antes cómo la opresión contra las mujeres emergió para asistir una sociedad primitiva agricultora cuyas funciones clave eran la reproducción y crianza de obreros. Pues bien, a pesar del progreso tecnológico y social, tenemos ideas en torno al sexo que sirven a los propósitos de una era cuando podías vender una esposa o intercambiar tu primogenitura por lentejas.

El sexo es una cuestión de poder y por eso no es sorpresa que se emplee su posición tan vulnerable (tan desnuda) para desprestigiar a los otros. Basta con observar cuántas palabras soeces se refieren a un órgano sexual y cuántos insultos son términos homofóbicos o sexistas. Si tuviera un centavo por cada vez que un hombre me ha mandado a buscar quien me coja para quitarme lo amargado, seguramente podría comprar un vibrador con fusión nuclear y acabados de diamante. Absolutamente todas las mujeres con algún grado de éxito cuentan con un rumor sobre un coito prodigioso que aparentemente justifica sus esfuerzos. Y esto no es coincidencia: todos esos ataques, rumores y mentiras se originan de una moralidad hecha a imagen, semejanza y conveniencia de la masculinidad heteropatriarcal.

Siempre que señalo este privilegio puedo contar con que un hombre hetero me reclame que “todo es acoso ahora” y que “estoy arruinando los valores” o algo así, pero lo cierto es que una sociedad inclusiva se trata de concederles respeto y justicia a todos. No existe respeto cuando un hombre puede usar palabras como “niña” o “gay” para ofender a otro, y tampoco existe justicia cuando mis reclamos de acoso de parte de un supervisor son desacreditados porque “él solo quiere ser mi amigo” o porque “decirle un piropo a una señorita es cortesía”. Muchos hombres piensan que con aprender a controlarse y no comentar están contribuyendo a una sociedad más justa, pero la verdadera manera de apoyar es denunciar y reprobar abiertamente esas conductas. Veo muy pocos hombres corrigiendo a otros, pero sigo encontrando demasiados tipos que vienen a explicarme por qué el tener una vagina me convierte en una nebulosa de misterio y emociones desordenadas.

La violencia sexual existe y merece que todos los casos abiertos en esta ola de denuncias reciban su castigo, pero la verdad es que los ruidos de los famosos arden y se extinguen en los titulares, mientras que en la vida real acumulamos toda clase de agresiones, grandes y pequeñas, para defender el enorme privilegio del pene. Tenemos insultos, acosos y doble moral planteados por una perspectiva masculina que rechaza a los “huecos” y etiqueta a las “putas”, y de paso también tenemos caballeros muy correctos que pretenden quedarse callados porque no les incumbe. Bienvenido al siglo XXI: nuestro único recurso sostenible es la cultura de violación.

¿Quién es Angélica Quiñonez?

¿Cuánto te gustó este artículo?

Califícalo.

0 / 5. 0

Anuncios

Plural: 5 comentarios en “Ahora resulta que todo es «acoso»”

  1. Lo que pasa es que siempre ha sido acoso, solo que ahora las víctimas hablamos de ellos y denunciamos a nuestros acosadores. Antes nos teníamos que callar más porque nos creían menos y todos nuestros esfuerzos eran ignorados. Con lo que nuestras antepasadas empezaron, nosotras estamos continuando. Soy activista contra el acoso callejero y creeme que con este tipo de comentarios me topo todo el tiempo y ni te digo todo lo que me ha tocado vivir. Te invito a que nos visites en nuestro FB, somos el Observatorio Contra el Acoso Callejero. Nació en Chile y ahora está en todos lados de Latinoamerica.Yo pertenezco al de Nicaragua. Saludos y muy buen artículo.

Deja un comentario