El gran antídolo contra las fake news


Ricardo Corea_ Perfil Casi literalComo casi todas las conversaciones de la actualidad, esta columna es una especie de esquirla de una idea que detonó otro meme. No voy a ponérselos para no distraerlos, pero se los describo porque es fácil: Era la portada del libro de Jorge Luis Borges, Ficciones, con el título tachado; abajo, con lápiz, se leía el título corregido: fake news.

De entrada, suena a cosa ingeniosa. Para nadie que lea esto es una novedad que vivimos en la era de la posverdad, la dictadura de las noticias falsas, los titulares clickbaiteros y, en general, la pérdida casi total de la credibilidad informativa. O, en su defecto, una fisura profunda en los preceptos que durante años rigieron los ideales de los datos, hechos y certezas periodísticas.

El meme es meme y no pretendo convertirme en el abuelo Simpson que se enoja con las nubes, pero sí voy a intentar rebatir un principio equívoco en el que se basa.

La creencia generalizada es que ficción es igual a mentira; en el mejor de los casos, que ficción es igual a mentira sofisticada. Y eso es verdad… a medias, lo que lo convierte paradójicamente en mentira. La verdad es, para variar, mucho más compleja.

Para comenzar, la capacidad para contar historias que nunca han ocurrido, y que difícilmente podrían ocurrir, es un patrimonio exclusivo de la humanidad. Es, con casi total certeza, el mecanismo que permitió al homo sapiens elevarse entre las demás especies hasta convertirse en el chimpancé más inteligente y, en consecuencia, dominante de todas las especies del mundo.

Somos lo que somos gracias a esa extraordinaria capacidad de contar historias que solo existen en nuestra mente y que, en un primer momento, le permitían al cerebro calcular posibilidades en una situación de riesgo sin estar realmente en riesgo, y saber cómo actuar en consecuencia. Como una especie de simulador virtual.

Pero luego esa capacidad se fue volviendo más y más intrincada, así como nuestra comprensión del mundo, nuestras estructuras sociales y nuestro dominio de la naturaleza, hasta llegar a donde estamos ahora: nuestros sistemas políticos, religiosos, mercantiles, artísticos, etc. no serían posibles sin este superpoder de inventarse historias y personajes irreales que nos permiten trabajar en conjunto para erguir ciudades e imperios.

La religión, el crédito en el banco, la marca Apple y la idea de patria se fundamentan en mitos. El dinero mismo, como dice el profesor Harari, no es más que un mito, acaso el más grande de nuestra historia. Ficciones sociales y, por tanto, intersubjetivas.

O como lo dijo el siempre lúcido Javier Payeras: «Si algo nos enseñó este año MMXX: Los países “civilizados” son ficción. La democracia es ficción. Las intenciones son ficción. Las crisis son ficción. La información es ficción. La estabilidad es ficción. Todo es ficción excepto la ficción».

¿Y las fake news?

En estos momentos en los que las noticias falsas envenenan el ecosistema informativo global deberíamos volver a nuestros orígenes como especie y permitir que sean las historias ficticias las que nos vuelvan a salvar.

Funcionará ver más cine, más series de televisión, ir más al teatro (cuando las autoridades de salud lo crean conveniente y siempre guardando las medidas necesarias). La ficción ha multiplicado sus formatos por mil desde que el primer hombre de nuestra especie descubrió que podía contar una anécdota heroica que nunca ocurrió.

Ahora tenemos cine, series e incluso canciones y discos que también son ficción. Pero mi apuesta acá es más seria. La enfermedad llamada fake news es grave. Es, además, peligrosa para nuestras sociedades. Así que necesitamos una presentación más contundente, intravenosa: la ficción en formato libro. Leer novelas, leer cuentos, leer lo que haya que leer. Dilucidar tramas, prever plot twits, desengañarnos con personajes o lamentar lo previsible de una mala trama.

La ficción en libros, más que cualquier otro formato, nos permite entrenar al cerebro para enfocarse en los huecos narrativos o en las interconexiones entre dos ideas que no tienen sentido. Nos entrena para comprender cuando una historia es exagerada o simplemente ridícula. Los Deus Ex Machina son la base espiritual de las noticias falsas y uno de los recursos más deleznables de la ficción.

La ficción es, para decirlo en una frase, el gran y natural antídoto contra las fake news. Necesitamos intensificar las dosis y ver si todavía es posible salvar lo que nos queda.

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