Franklin Caldera y su Pasado imperfecto. Antimemorias de un crítico de cine invisibilizado


Karly Gaitán Morales_ perfil Casi literalFranklin Caldera (Managua, 1949) es el único insigne crítico de cine de Nicaragua, un tótem del comentario y del análisis de cine que, con su enorme carrera, su alto coeficiente intelectual y su impecable memoria, muy difícilmente podría llegar a ser superado. Las dimensiones de su crítica cinematográfica tienen alcances continentales y en 2018 cumplió medio siglo de publicaciones ininterrumpidas, aparecidas principalmente en el diario La Prensa de Nicaragua.

Con su continuidad y su estilo literario ha establecido un canon y su aporte al conocimiento del cine en la nación nicaragüense ha formado un parteaguas y una contribución cultural invaluable al patrimonio nacional. La crítica cinematográfica podrá definirse para la posteridad en la historia del cine en Nicaragua con un antes y un después de Franklin Caldera.Justo en 2018 esos cincuenta años se cumplían a partir de la fecha de su primera publicación, un texto juvenil lleno de profundidad e interrogantes sobre si el cine era arte o no lo era. Era noviembre de 1968, apenas tenía 18 años y ya se avizoraba su estilo literario, en el que se percibe entre líneas un afán por decirlo todo en un solo párrafo, que nada se escape, y de dar detalles rigurosos basados en investigaciones documentales; además de su inquietud poética. «¿Qué es el arte cinematográfico?», se preguntaba en aquellas líneas y párrafos un joven recién bachillerado.

Un libro siempre nace en febrero

Franklin Cardera tiene en su haber como crítico alrededor de 5 mil críticas y tres libros de cine. Siempre ha aplazado el tiempo para sacar a la luz su poesía y aún permanece inédita su plaquette de poemas. Y su autobiografía, que ensaya y escribe desde hace unos años, hasta ahora en 2021 ha sido publicada.

Sus libros son: Lista de cine. Cincuenta años de cine hablado 1929-1979 (Publicación privada, impresa en Talleres de Editorial Artes Gráficas, S. A., salió el 12 de febrero de 1979); Datos útiles e inútiles sobre cine (en coautoría con su amigo Ramiro Argüello, publicación privada que salió el 11 de febrero de 1983) y su última obra de cine, Luces, cámara, acción. 100 años de historia del cine (publicada en febrero de 1996 por Editorial Hispamer). Esta última es una investigación muy ambiciosa con grandes récords de referencia: la historia del cine mundial —con cientos de películas comentadas— en sus primeros cien años de existencia (1895-1995).

En febrero de 2021, luego de muchas revisiones y una minuciosa edición, sale de imprenta su nuevo libro Pasado imperfecto.

El crítico de cine puesto en escena

Un crítico, tal como un productor o un historiador de cine, permanece siempre detrás de la cámara. Franklin pasó su vida viviendo el cine desde su máquina de escribir (ahora en la computadora). Pasado imperfecto viene acompañado de una musicalidad que le rodea y de un teatro lleno de amigos que esperan con expectativa esta obra y le aplauden desde meses antes de su salida, como cuando un público impaciente aplaude porque espera con gran ansiedad la salida a escena de un gran actor.

El autor manifiesta el lujo de una investigación documental muy profunda que llena de detalles todas las páginas. Analiza las tres familias que se convierten en las vertientes de su ADN: la familia Pallais (muy amplia y muy conocida en Nicaragua, emparentados con otra familia famosa de Nicaragua: los Debayle), la familia Molina y la familia de su madre, que tiene orígenes en España y una migración por Estados Unidos y Cuba antes de que su mamá, Vera, llegara a Nicaragua (esa Cuba era rica y llena de oportunidades en las décadas de 1920 y 1930 porque aún vivía su boom de la exportación de azúcar y café.

No hacen falta en la parte previa a su vida las aspiraciones que sus padres tenían para él, el niño en quien tenían esperanzas. Su padre quería que fuera abogado y poeta. Este capítulo lo titula «La poesía de papá» porque eran tiempos cuando ser poeta significaba que la persona era un erudito, un intelectual de naturaleza dotado de capacidades grandes, y no necesitaba hacerse llamar con títulos académicos: convenía y era mejor visto darse a conocer como poeta Juan Pérez, por ejemplo, que como el doctor o el médico Juan Pérez. Franklin Caldera ha conversado alguna vez conmigo explicando ese fenómeno que existía en la Nicaragua de las décadas de 1940, 1950 y 1960).

La influencia de su mamá —menos comercial, la de una extranjera que vivía en Nicaragua— era la del cine, por lo que el capítulo sobre doña Vera (fallecida muy temprano, cuando Franklin Caldera era apenas un pequeño adolescente) lo titula «El cine de mamá».

Franklin frecuentaba las cafeterías, librerías y papelerías de las décadas de 1960 y 1970 adonde llegaba la clase letrada de Nicaragua, asistió a colegios donde se tenía que conocer a quienes se debía conocer y a la universidad donde decenas de jóvenes —quienes hoy son los más conocidos empresarios y políticos del país— asistían. Estaba en el epicentro de la vida de Managua y sus relatos de vida no están alejados de la vieja Managua antes del terremoto de 1972, en la cual nació, creció y se formó.

Pasado imperfecto es, además de una autobiografía («antimemorias», como lo llama el autor), una radiografía sobre la historia de la vieja Managua, la sociedad de la clase alta nicaragüense del siglo XX, la Nicaragua prerrevolucionaria, la Revolución Sandinista, la aventura y tristezas o desencanto de ser un hombre que debió emigrar y conocer las desavenencias, la soledad y el desamparo de la diáspora nicaragüense en Estados Unidos durante la década de 1980 (sitio donde los niños siempre se acostumbran rápido y hacen del lugar su país y su hogar, pero no los padres que llegan y tienen su mente en Nicaragua todo el tiempo y que piensan en español). No era un desamparo total para Franklin Caldera este autoexilio. Su madre era estadounidense y sus padres se conocieron y enamoraron en Miami, la ciudad en la que él vive desde 1985.

El niño que se sale de la foto

Pasado imperfecto es el acto de ver unos negativos viejos de la filmación de una película de toda una vida a través del trasluz de una lámpara en un estudio de revelado y montaje de cine, un asombro y asomo a un pasado que no podría ser más perfecto que como lo fue de imperfecto. Cada capítulo —que Franklin divide en «libros»— viene mostrándose en el diseño de la obra como una cinta de cine que pasa rápido por un escáner de negativos y diapositivas. El personaje, el que se transparenta en esas cintas que el autor sostiene en sus manos mientras examina a trasluz, debe ahora salir a escena y representarse a sí mismo a través del escenario de una obra biográfica ante el teatro de los espectadores —entiéndase, lectores— que lo esperan como obra que no inicia pese a que se ha levantado el telón.

En la portada de Pasado imperfecto vemos a un inteligentísimo niño que se sale de la foto para irse a vivir su vida y enfrentar su destino dedicado totalmente a una profunda admiración al cine, como este camino que se le presenta figurado en cintas de nitrato y por donde apura su paso tal como cualquier niño que camina con travesura sobre los rieles de un tren que conducen a un sitio desconocido: el destino.

La obra

Franklin Caldera, Pasado imperfecto, cover

Pasado imperfecto. Antimemorias de un crítico de cine invisibilizado. (Cinema Editions, primera edición, 322 páginas, 25 fot. Edición de lujo de pasta dura, cosido, full color. ISBN 978-99964-0-853-3, Managua, Nicaragua, febrero, 2021). Pronto disponible en Managua y en Miami.

Este artículo se complementa con otro publicado para el número 86 de la revista cultural centroamericana Carátula, titulado: «Franklin Caldera: medio siglo de crítica cinematográfica».

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