«De plano estás en tus días»

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Rubí_ Perfil Casi literalKate Millet, en su Política sexual, dice lo siguiente: “La jerga contemporánea denomina la menstruación como (“la maldición”). Existen considerables evidencias de que las molestias que las mujeres sufren durante su período, a menudo sean psicosomáticas más que fisiológicas, culturales más que biológicas, en su origen. […] Contextos y creencias patriarcales parecen tener el efecto de emponzoñar las propias sensaciones físicas de las mujeres sobre sí mismas, hasta que a menudo esto se convierte verdaderamente en la carga que se dice que es.”

Todos tenemos malos días, malos ratos. Algunas menstruamos un par de días al mes, otros despiertan en las mañanas con una erección. Esto no tendría por qué ser una razón para señalarnos unos a otros, sin embargo seguimos en el mismo juego, estigmatizando las mismas cosas, tendiendo los mismos prejuicios. Estamos mal.

Aclaro que no soy feminista —o por lo menos no considero serlo— cuando lo único que hago es tener clara mi postura como individuo ante la vida. Ser de ayuda para cualquier persona, hombre o mujer. Defender mis derechos y cumplir con las obligaciones que me competen, no más. Pese a que las luchas de género no son del todo lo mío, sé que las mujeres somos el blanco predilecto para los estigmas propagados por el machismo y el patriarcado. Más aún cuando del período menstrual se trata. No conozco a ninguna mujer que no haya sido agredida verbalmente con comentarios negativos referentes a este proceso biológico. Yo misma los he sufrido infinidad de veces.

El mal humor, la poca tolerancia o el simple hecho de no responder al antojo ajeno son reacciones que automáticamente se transforman en indicios de que las mujeres estamos en “los días del mes”, estúpidamente llamados así. Tenemos la menstruación y punto. ¿Por qué disfrazar las cosas? En mi experiencia (y me imagino que en la de muchas otras mujeres) he recibido comentarios como: “ay, estás frúgil” (no tengo idea de lo que esta palabra signifique para quien la dice), “de plano andas en tus días”, “¿necesitas un tampón?”, “¡qué mal humor!, ¿ya te vino?”, o cualquier otro comentario fuera de lugar cuando tengo una actitud poco “amigable” o poco “dispuesta”; comentarios hechos no sólo por varones.

No quiero ahondar en la satanización de la menstruación que proponen las escrituras religiosas (sin mencionar ninguna religión en particular), ni mucho menos. Tampoco quiero profundizar en el enfoque aristotélico con respecto a “lo femenino”, ni mencionar a Sigmund Freud o a Simone De Beauvoir. Esto sería hablar más de lo mismo y Google puede aportar mucho más que yo al respecto.

Toda esta exposición de ideas tiene su raíz en lo increíble que resulta chocar una y otra vez con los mismos muros milenarios. En una época donde la información se desborda, es aberrante darnos cuenta de que estamos estancados en las mismas trampas de todos los tiempos. Por último, no es mi intención señalar a nadie en particular: cada quien sabe cómo piensa al respecto del asunto que planteo. Únicamente estoy defendiendo nuestro derecho a enojarnos, explotar, reír, llorar, maltratar, comer, bañarnos, rechazar, cantar, callar o hablar sin que un tampón nos dé la libertad (o pretexto para quienes se escudan en su período menstrual, siguiendo la cadenita) para hacerlo.

¿Quién es Rubí Véliz Catalán?

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