Crónicas de la autodestrucción. Comentario sobre la novela Retrato de borracho con país, de Eduardo Juárez

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En este libro, Eduardo Juárez nos habla de la vergüenza como causa y fìn de todas las acciones, vergüenza convertida en dictadura, en un país donde la falta de valores éticos no hace más que aumentar los prejuicios morales pese a que la miseria nos conduzca siempre a deshecharlos.

A través de este relato, ambientado en la pobreza y marginación propias de la provincia guatemalteca, Juárez nos presenta la vida de un borracho llamado Seleno, y nos lleva junto a él por un país donde la inercia y la inconsciencia son la única alternativa para no envilecerse y morir de tristeza. Un país  poblado por espíritus deformes y sin voluntad que hacen el bien nada más por accidente y consideran la muerte como una consecuencia inevitable del aburrimiento.

Incapaz entonces de entender a la gente que le rodea o explicarse las causas de sus carencias materiales, Seleno se hunde en el alcohol y sus delirios escatológicos son un reflejo de ideales románticos nunca realizados.

Un arranque de locura y pasión lleva entonces a Seleno a recorrer los caminos polvorientos y agujereados del subdesarrollo, donde la asepsia ha sido sustituida por el esfuerzo colectivo para insensibilizarse al asco. El autor convierte a su personaje en heladero, conserje, cortador de caña, tahúr, violador y finalmente asesino. Mostrándonos a Seleno como socialmente torpe y psicológicamente lento, hace de la idiotez su única virtud: no consigue explicarse por qué millones de personas trabajan sin sueldo, por qué toda forma de erotismo termina con violencia y toda idea de belleza fracasa entre carcajadas y crímenes grotescos.

Pareciera entonces que el país es un retrato del borracho, o visceversa, el borracho un retrato del país: ambos buscan obsesivamente el olvido en festejos etílicos y nutren sus pesadillas con rabia y culpa metahistóricas; ambos se sienten encadenados al temor, la ignoracnia y el resentimiento, ambos se autodestruyen por una retorcida convicción moral.

Procurando alcanzar el progreso y liberarse de la vergüenza, Seleno busca el amor por capricho, idotez y ceguera, encontrando así a Karma, Helga y Luz, mujeres cuya entrega, bondad o entusiasmo no consiguen vencer el determinismo y la idiotez. De la primera mujer huye por la impotencia y decepción que siente por el circulo vicioso de la prostitución; con la segunda concibe un hijo al que luego mata por el desprecio que le causa la degradación moral, y la tercera muere en sus brazos de fatiga e intoxicación alcohólica. Finalmente, Seleno recluido en un centro asistencial, recibe su más grande revelación en medio de un delirio alcohólico: es hijo del General, y él quiere que se una a sus filas. Le explica que en el fondo del resentimiento ladino habita el ánimo por la autodestrucción y que si pudiera, al menos, convertir su vergüenza en desprecio hacia los demás, podría ser un bandolero de la inmoralidad, en vez de ser solo víctima, que podría ser un verdugo de la inocencia y mentor de la ignorancia, en vez de ser su prisionero; y que si no está dispuesto a ser al menos un fracasado hijo de la burocracia, está dispuesto a eliminarlo.

Seleno lucha con el general, y cual Hefestos curando a Zeus, extrae de un tajo de machete su loca pasión y la imagen distorsionada que tiene de sí mismo, por lo tanto vuelve a su pueblo para esperar el milagro que haga cambiar su situación y se dispone a unirse al general. Concluye así la historia, demostrando que el heroísmo está en aceptar la pobreza como constante eterna y hacer de la inconsciencia una forma de sobrevivir.

¿Quién es Juracán?


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