Poe para melómanos

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[…] y el ave color petróleo entra y se posa sobre el busto de Palas para atormentarlo, evocando con graznidos sepulcrales a Leonor… eso es todo, y nada más.

Del poema propio “Solitudes”

Desde 1849 cada siete de octubre se evoca la muerte de Edgar Allan Poe, uno de los escritores estadounidenses que hicieron  –al igual que algunos otros coterráneos– a la literatura tal y cual los lectores la gozamos en este siglo. Junto al legado de H. P. Lovecraft, la mayoría de la narrativa y la poesía contemporánea que propone motivos como la muerte, el desamor, el odio, etcétera, encontró su pilar en este acongojado personaje. No fue casualidad entonces que la Universidad de Puerto Rico encomendara la traducción de su prosa a otro genio sin igual y confeso seguidor de Poe, Julio Cortázar. Y como si no fueran suficientemente  acerbos y lúgubres los cuentos cortos y poemas del escritor norteamericano, Baudelaire tradujo gran parte de su poesía al idioma francés.

No vale la pena construir otra prosopografía del poeta de Boston afirmando que fue un melodramático hombre que se dedicó a las letras solo para sobrevivir. Escribió de sus carencias y ¡nada más! –como recita en “El cuervo”–, al igual que los literatos de todos los tiempos. ¿De qué más iba a escribir, sino de sus carencias? A pesar de, y no gracias a esas disparidades, la semilla amarga que se sembró en su pluma fructificó positivamente. Primero en la literatura que le sucedió, luego en la música y demás expresiones artísticas.

Escribir sobre el tema de las influencias literarias encontradas en otros escritores es darle la vuelta a lo que ya es redondo.  Como aporte personal, quiero referirme acá al tributo musical. Tal y como ya se habrá advertido en mis artículos anteriores y en mi perfil de este espacio, padezco de una terrible debilidad por ciertos géneros musicales. La literatura fue mi primer amor, pero la música es lo único que alimenta el particular yang del que adolezco. Y tal cual ménade que tributa mieles a Dionisos, yo me rindo a los dominios de la melomanía.

Legado de una tragedia es una ópera  rock que narra la vida y obra del poeta oscuro, desde el abandono y muerte de sus padres, el flechazo de Virginia, la adopción de su tío, etcétera.  La iniciativa de este proyecto fue de los integrantes de la banda Iguana Tango Joaquín Padilla y Jacobo García, mismo apoyado por The Edgar Allan Poe Society of Baltimore. Para tomar en cuenta, señalo que la constelación de artistas que participaron de la primera parte de esta trilogía son –por mencionar algunos– integrantes de bandas como Stravaganzza, Nexx, Arwen, Sangre Azul, Saratoga, Mägo de Oz, entre otros no menos importantes.

Ópera rock dividida en los actos Crepúsculo y Ocaso, en donde personajes como Virginia (Patricia Tapia, Mägo de Oz) se unen a la de Allan Poe (Leo Jiménez, Saratoga) para urdir escenas que solo son posibles en el latir de las venas de quien se deje enamorar la lírica y el ritmo cadenciosamente moribundo. Solo por citar un pequeño ejemplo para despertar el gusanillo de la curiosidad, la canción Delirios de amor contenida en el primer acto de la ópera, parte del la confesión de eterno amor ferviente hacia Poe por parte de su prima Virginia. Interpretada a la perfección por la prodigiosa voz de Patricia Tapia, esta canción recoge una escena previa a la muerte de Virginia, reflejado en el poema “Leonora”.  Este amor fatídico inspiró también a la banda de metal gótico Tristania para incluir en su repertorio la canción My lost Leonore.

El encanto de este escritor tan particular y tan necesario para algunos lectores como yo, es como esa neblina verduzca que se filtraba por las ventanas en las escenas del cine de los setenta. Digo esto porque ese efecto especial al que me refiero pretendía ser un indicio del crispar de todos los poros del cuerpo, un visitante sin invitación que resultaba bienvenido o se hacía bienvenir. Las letras de Poe no son fáciles de digerir a la primera o segunda lectura, pues puede parecer repetitivo. Sin embargo, al darle una oportunidad a sus cuentos menos conocidos, que dejo a discreción del investigador, se aprecian otras facetas por las que vale la pena dejarse cautivar. Esto, aunado a propuestas musicales como la mencionada, brinda al lector un banquete de amalgamas que empujan a ver y sentir la belleza de las pasiones autodestructivas de Allan Poe.

¿Quién es Rubí Véliz Catalán?


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