Miseria, un asunto de mujeres pobres_ Casi literal

Miseria: ¿un asunto de mujeres pobres?


Por LAHURA EMILIA VÁSQUEZ GAITÁN | MEMORIAS DE UNA DISIDENTE

Las familias ricas no tienen muchos hijos porque sean «muy educadas» y nunca les fallen los anticonceptivos, sino porque cuando se produce un embarazo no deseado se compran un boleto y se van a un país donde el aborto sea legal. El honor lo garantiza la confidencialidad médica.

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Lahura Emilia Vásquez Gaitán_ Perfil Casi literal«Debería hacerse una ley que les prohíba a ciertas familias tener hijos». Y al escuchar eso inmediatamente pensé: «Es cierto. Hay gente que no tiene vocación para tener familia. No tienen tiempo, ni recursos afectivos ni emocionales». Pero el comentario sigue: «Los pobres tienen muchos hijos, mientras que las familias ricas —que sí tienen para mantenerlos— no pasan de dos». ¡Caramba! Acabo de entender: lo de «ciertas» familias se refiere a que los pobres no deberían tener hijos porque —¡ni lo quiera Dios!— de esa forma reproducirán su pobreza, como si esta fuese una condición inherente al ser humano.

Los comentarios continúan: «Con tanto método anticonceptivo que hay, es por tontas que se dejan llenar de hijos», «Cipotías calientes que ni el trasero saben limpiarse, pero para preñarse, ahí sí son las primeras». ¿Sabrán estas personas ningún anticonceptivo es 100% efectivo y que la mitad de las embarazadas utilizaba un método cuando quedó encinta? ¿Tendrán presente que en Guatemala el 90% de las niñas menores de quince años que se embarazaron en 2017 lo hicieron de un familiar «cercano» y que en Honduras la cifra no es menos alarmante? ¿Es necesario explicar de quién fue la «calentura» o se entiende la cruel realidad que encierra el dato anterior?

Vamos aclarando algunos puntos. Primero: las familias ricas no tienen muchos hijos porque sean «muy educadas» y nunca les fallen los anticonceptivos, sino porque cuando se produce un embarazo no deseado se compran un boleto y se van a un país donde el aborto sea legal. El honor lo garantiza la confidencialidad médica. Segundo, son las mujeres quienes más planifican. Una gran mayoría acepta de buena gana infestarse de químicos el cuerpo, pese a los efectos colaterales que pueden llegar a sufrir en el largo plazo: sobrepesos, manchas en la cara, disminución de la libido, miomas y esterilidades permanentes son solo algunos de ellos; porque en el mundo las grandes consumidoras de anticonceptivos son mujeres.

«¿Por qué no planificaste?» «¡Debiste cuidarte!» Nunca he escuchado comentarios dirigidos a los sementales que abusan ni a los que preñan, ni a los que se dedican a copular como conejos. Ninguna mujer se preña sola, pero esto siempre se olvida cuando se trata de criticar y buscar culpables.

La proliferación de la pobreza no solo es un tema de embarazos no deseados, mucho menos de «mujeres» y, peor aún, de «pobres». Es un problema de falta de igualdad en las oportunidades y la solución no pasa por limitar a las mujeres controlando sus cuerpos o el número de hijos que tienen, sino por forjar una sociedad verdaderamente igualitaria, una en donde las mujeres pobres tengan los mismos derechos y oportunidades que sí tienen las ricas. Porque lo que nos debe quedar claro es que la miseria no se gesta en el útero de ninguna mujer. La miseria se gesta en las entrañas de un sistema patriarcal, criminal y depredador llamado capitalismo.

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