Nacer es una muerte que apenas comienza


Por MARIO RAMOS | NOTAS DE UN ÁGRAFO

«Esta conexión entre la vida y la muerte es inevitable y, de una u otra manera, siempre la he tenido presente entre mis temas recurrentes para escribir, para fotografiar, para filmar películas».

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Un comentario

Mario Ramos_ Perfil Casi literalEn mis cuarenta y un años de vida he presenciado cuatro escenas imposibles de olvidar: dos muertes —la de mi padre, quien murió a mi lado; y el asesinato de un joven que intentaba escapar de la muerte, de quien algún día escribiré— y el nacimiento de mis dos hijos a quienes asistí en la labor de parto. El segundo de ellos hace apenas dieciocho días, a pesar de que lo esperaba casi una semana más tarde. El pequeño Diego decidió llegar antes.

Esta conexión entre la vida y la muerte es inevitable y, de una u otra manera, siempre la he tenido presente entre mis temas recurrentes para escribir, para fotografiar, para filmar películas. La llegada de mis hijos me ha enseñado que desde que nacemos inicia el conteo regresivo, el viaje irreversible hacia la muerte. Nacemos para morir y comenzamos a sortear a la muerte desde el primer día.

En medio de la catarsis que me provocó el nacimiento de mi hijo, me preguntaba por qué pensar en la muerte en un momento como ese. Pero es que somos tan frágiles y fugaces. Nacer es una muerte que apenas comienza. La vida es un simple paseo.

Por naturaleza, los seres humanos vivimos temerosos de la muerte y nos aterra pensar en una muerte prematura, lo cual nos limita la libertad de vivir a plenitud. Así lo plantea Octavio Paz en El laberinto de la soledad: «Nuestra muerte ilumina nuestra vida. Si nuestra muerte carece de sentido, tampoco lo tuvo nuestra vida… La muerte es intransferible, como la vida. Si no morimos como vivimos es porque realmente no fue nuestra la vida que vivimos».

Existen diferentes argumentos filósofos acerca de la muerte, algunos la aceptan y otros la ven como un castigo. Al final, todos son razonamientos que nadie ha podido entender. Según Epicuro no deberíamos preocuparnos ante la muerte porque no está presente cuando una persona vive, y cuando llega, la persona ya no está. ¿Vale la pena preocuparnos tanto por la muerte que llegamos a olvidarnos de la vida?

Estas reflexiones opuestas y contrastadas siguen presentes en mi cabeza, quizá porque de una u otra forma siento fascinación por el enigma. Por un lado la idea de mortalidad me preocupa, sobre todo ahora que tengo hijos, y me aterra pensar en mis críos sin la figura paterna; pero entender que tenemos el tiempo limitado y que no hay manera de saber cuándo acabara todo me permite momentos de paz y de calma aunque a veces sean fugaces: acciones como sentarme a disfrutar de cosas tan simples como un buen café, un helado o una película. Y sin duda, aprovechar junto a mi familia el hecho de estar vivo, aunque sea tan solo por un instante.

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Singular: 1 comentario en “Nacer es una muerte que apenas comienza”

  1. Yo no le tengo miedo a la muerte, ya he estado muerto miles de millones de años antes de nacer… Excelente artículo.

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