Paradise PD te sorprenderá


Por RICARDO COREA | DEL TERCERMUNDO

No es una serie recomendable para cualquier público, pero si alguna vez piensan que es imposible contar chistes sobre violencia sexual sin ser misóginos —por poner un ejemplo, cual revista clickbaitera—, les diría que con Paradise PD se sorprenderán.


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Ricardo Corea_ Perfil Casi literalEl 31 de agosto de 2018 apareció en Netflix una serie animada que pasó desapercibida —al menos, me atrevería a adelantar— en América Latina: Paradise PD, creada por Waco O’Guin y Roger Black, los mismos que en 2012 lanzaron con Comedy Central, Brickleberry, por si a alguien le sirve de algo ese antecedente.

Para poner el tono el estilo y el humor escatológico y crudo de la serie, adelanto el inicio: el hijo pequeño de una joven pareja conformada por un policía y lo que, sabremos luego, es una mujer con aspiraciones políticas, encuentra en los pantalones colgados de su padre su pistola y luego los encuentra en la cama teniendo sexo. En su afán de juego, le dispara dos veces a su padre, dejándolo sin testículos.

De ahí la serie salta al futuro, donde el policía sin testículos, quien ahora debe usar parches de testosterona, se ha convertido en el jefe del departamento de policía; y su madre, en la alcaldesa del pueblo. Divorciados, por supuesto, por falta de huevos, diría para ser jocoso. Y como no podría ser de otra, el niño asesino de testículos paternos se ha convertido en un perdedor que intenta ser policía, como su padre.

De ahí en adelante, la serie es una vorágine de violencia gratuita y desnudos nada solicitados. No escatima en todo lo que podríamos considerar vulgar, innecesario y asqueroso. Es la típica serie que algún despistado consideraría políticamente incorrecta, como si esa bandera fuera tan sencilla de enarbolar. A primera vista, cargada de gags sucios y personajes creados con el exclusivo propósito de la risa facilona: el departamento de policía está conformada por un negro que le tiene miedo a las calles, un gordo amanerado, un anciano homosexual y pervertido, el hijo imbécil del jefe de policía y un perro drogadicto que, por supuesto, habla.

Pero no hay que engañarse. Aunque no lo parezca, lo que hay acá es humor inteligente. Inteligente en el sentido de bien pensado. Los chistes nunca son lo que aparentan porque jamás se decantan por lo obvio, lo misógino o lo racista, pero sí coquetea mucho con todo eso: se acerca peligrosamente, pero nunca lo concreta.

Y esto queda más claro cuando repasamos sus personajes. Gina Jabowski es la oficial de policía sexy o, más precisamente: sexualizada, pero que en lugar de aportar erotismo aporta violencia, o más precisamente: ultraviolencia, y que acosa sexualmente a Dusty Marlow, el policía obeso y amanerado.

Karen Crawford, la alcaldesa del pueblo, no es una figura empoderada que representa un triunfo para las mujeres del mundo, sino una política más, a veces atinada, a veces vil, a veces corrupta. El mismo Randall Crawford es un chiste recurrente sobre la masculinidad frágil: un Jefe de Policía, sí, con mayúsculas, que literalmente carece de testículos, familia o el respeto de sus subalternos.

En definitiva, no es una serie recomendable para cualquier público, pero si alguna vez piensan que es imposible contar chistes sobre violencia sexual sin ser misóginos —por poner un ejemplo, cual revista clickbaitera—, les diría que con Paradise PD se sorprenderán.

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