#YoSíTeCreo, o un grillo frente al mar


Por NOE VÁSQUEZ REYNA | MALABARES & AMALGAMAS

Regresemos a la fábula del grillo. Hemos aprendido que las voces de las mujeres se interrumpen, se acallan, se desvalorizan, no hay cómo validarlas y carecen de autoridad. Ese mar que bulle por lo regular está liderado por voces de hombres que quieren evidencias, denuncias penales, sentencias validadas por otros hombres en el mejor de los casos.


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Noe Vásquez Reyna_ perfil Casi literalDe 2008 a 2011, en Washington y en Colorado, Estados Unidos, un violador en serie cometía sus crímenes sin que las autoridades pudieran encontrar indicios para identificarlo. Sabía cubrir sus huellas y destruir evidencias. Marc O’Leary, exmiembro del ejército, violó desde adolescentes hasta mujeres mayores de 59 años.

En su reseña Una revisión de False Report: una poderosa historia sobre un violador en serie que cae, Rosita Boland escribe: «Violación. Es una palabra que nadie quiere afirmar para su propia experiencia. Todos saben el horror que esa palabra significa. Pero hay algo aún peor, lo cual explora este libro: el que hayas sido violada y que las autoridades no te crean cuando denuncias el delito».

A False Report: A True Story of Rape in America (Un informe falso: una historia real de violación en Estados Unidos) es un libro escrito por los periodistas T. Christian Miller y Ken Armstrong, publicado en el 2018 y en el cual Netflix ha basado la serie Unbelievable (Inconcebible).

Esta serie de ocho capítulos me indignó más de una vez. Todo lo que pasa en la pantalla traspasa la ficción porque la violencia contra las mujeres sucede en cualquier ámbito y las respuestas clásicas de la sociedad se enfocan en volver a culpar a la mujer violentada sin reconocer el valor de su palabra, que pareciera la de un grillo frente al mar.

Me recordó hechos concretos, casos concretos, personas concretas. La serie da mucha relevancia a los tropiezos atroces que ocasiona la revictimización de la persona que ha sido violentada y a las diferencias sustanciales que ayudan a los casos cuando se les cree a las mujeres. En la serie, el violador es capturado por el trabajo en conjunto de un equipo dirigido por dos detectives mujeres.

Hay una idea recurrente que he pensado en estos días: pareciera que solo las mujeres pueden creerles a las mujeres que han sido violentadas. Creerles sin más. Creerles cuando no hay una sentencia legal dictada por un tribunal. ¿Cuántos casos de violencia contra mujeres llegan a un tribunal? ¿Cuántas mujeres con nombres y apellidos, con las que tengamos una relación directa y cercana, han mentido respecto a una violación?

Por el contrario, conozco a mujeres cercanas, a veces muy cercanas, que han sido parte de la estadística: una de cada tres mujeres son violentadas sexualmente en algún momento de su vida. Esta violencia sistemática empieza en algunos casos desde los 9 años de edad o antes, y puede repetirse en diferentes edades. La escritora guatemalteca Mildred Hernández en su libro Erótica en la ciudad ficciona varios casos: «“No digas nada”, le dice René al oído y posa sus dedos debajo de la calzoneta de la niña». La protagonista tiene en ese momento 6 años. Yo sé que no es solo ficción.

Regresemos a la fábula del grillo. Hemos aprendido que las voces de las mujeres se interrumpen, se acallan, se desvalorizan, no hay cómo validarlas y carecen de autoridad. Ese mar que bulle por lo regular está liderado por voces de hombres que quieren evidencias, denuncias penales, sentencias validadas por otros hombres en el mejor de los casos. ¿Porque recuerdan cómo se trata a las juezas o mujeres que invisten autoridad? Se los recuerdo: siempre es más importante su imagen que sus palabras.

Decir «yo sí te creo» es un ejercicio consciente que requiere empatía, silencio respetuoso, reconocer que no podemos prestarnos al juego social de seguir violentando a alguien que tuvo que pasar un proceso a veces muy largo para articular palabras y sanar con ellas.

Actualización breve sobre un editor acosador y una revista universitaria

Después de haber escrito un reportaje en el que cinco mujeres denuncian por acoso al editor de la Revista Universidad de San Carlos de Guatemala, Rafael Gutiérrez, sucedieron cinco cosas: 1) el editor violentó de nuevo a las cinco mujeres denunciantes y a tres más, utilizando intimidaciones y descalificaciones vía Facebook. 2) Casi se triplicó el número de mujeres que afirman haber sido acosadas por el editor. 3) La Universidad de San Carlos dice que inició una investigación contra el editor, pero ¿tiene avances? 4) Al editor lo cambiaron de oficina y ya hay publicados dos números más de la Revista. 5) El editor se ganó otra denuncia penal con orden de restricción; ya suma tres de las que yo conozco, pero no creo que el Ministerio Público ni la prensa ni la Universidad pongan más energías en esto, ¿o sí?

El acoso sexual es distinto a la violación, sí. Ambos son formas de violencia ante la cual las mujeres seguirán rompiendo el silencio frente a un mar que quiere ahogar sus voces.

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