La batalla de los libros

Leonel González De León_ Perfil Casi literalUruguay no celebra el día del libro el 23 de abril como todo el mundo, sino el 26 de mayo, conmemorando que en esa misma fecha pero de 1816, a instancia de José Artigas, héroe nacional, se fundó la primera biblioteca del país. A propósito de la fecha, se dio la colaboración entre varias bibliotecas públicas, librerías y clubes de lectura de Montevideo para organizar conversatorios, trivias y donaciones de libros para bibliotecas en el interior del país. La charla más amena fue la que se dio entre tres libreros menores de treinta años y uno que ya rozaba los setenta. Todos coincidían en el desencanto que existe cuando el que sueña con ser librero se imagina que será como un niño que pasa los días en una juguetería, pero cuando llega a serlo entiende que el sueño dista mucho de la realidad. También ahondaron en la diferencia radical que existe entre el vendedor en una bestsellería ―o expendio de libros según los dictados de las grandes editoriales― versus el verdadero librero, que no solo vende sino que, además, desarrolla una relación erótica con el libro, se nutre de sus clientes, aprende de ellos, recomienda y, en algunos contados casos, no prioriza las ventas de lo que el cliente quiere llevar sino que lo orienta, aunque eso pueda significar menos ganancia a corto plazo, pero con el tiempo, la garantiza. Además reconocieron la impotencia inherente al oficio, pues el ritmo editorial avanza mucho más rápido que la capacidad de lectura, somera al menos, para orientar al comprador.

Se habló también de cómo, en los años del gobierno militar, la libertad de expresión se vio limitada, y de paso el oficio de librero. Muchos salieron del país y nunca volvieron, mientras que otros resistieron y al volver a la democracia han retomado la labor. El más viejo en el panel recordó que en 1973 se llegó a censurar La República de Platón por divulgar ideas comunistas.

A pesar de ser un país donde, según estadísticas oficiales, cuatro de cada diez ciudadanos tienen el hábito de lectura más allá de lo relacionado con el estudio o el trabajo —lo que se traduce en una renovación constante de consumidores y oferentes de libros—, la visión del gremio es pesimista por el cierre de varias librerías independientes y por la sombra de las multinacionales que copan el mercado para dictar qué debe venderse, y con ello, archivar lo que no es comercial sin importar su valor literario.

Comparo la situación con Guatemala, donde, sin buscar estadísticas, se sabe que el índice es mucho menor. En La Antigua Guatemala, por ejemplo, a pesar de ser parada obligada de turistas nacionales y extranjeros, sobran los dedos de una mano para contar las librerías (ojo aquí al mal uso que le damos a esta palabra, siempre asociada a las papelerías). Y el Centro Histórico de la ciudad de Guatemala, la zona más rica en densidad de librerías en todo el país, es visto con desconfianza por muchos de los consumidores de libros que son de clase media alta hacia arriba.

¿Es una batalla perdida la de los libros en Guatemala? ¿Debemos resignarnos a seguir siendo unos pocos los que hablamos de temas que no mejoran en absoluto los índices alarmantes del país en cualquier esfera? Quiero pensar que no. Por fortuna existen personas que aún ven luz al final del túnel y que luchan por irradiarla a la comunidad. Un ejemplo es el colectivo Antigua Viva, que, en lo referente a las letras —porque también impulsa eventos de música, teatro, pintura y cultura del café, entre otros—, organizó el año pasado el festival Pulso Volcánico, que reunió a algunos talentos de las letras nacionales en charlas que abordaron tanto la escena contemporánea como una visita a los clásicos guatemaltecos de otras épocas. Ya está en planificación la segunda edición del festival para agosto de este año.

Pero no todo debe pasar por los eventos organizados. Si sabemos que el clima es agradable la mayor parte del año y que en todo el país hay plazas acogedoras o paisajes para reunirse a ver el atardecer, ¿qué nos impide hacer tertulias para conversar, ya no de libros, sino de cualquier cosa?

¿Quién es Leonel González De León?

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