¿Por qué leemos?

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Alfonso Guido_ Perfil Casi literalDesde luego, tarde o temprano llegará el día en que se nos ocurra preguntarnos concienzudamente por qué leemos a Montaigne, Dostoievski, Onetti, Wilde, Schopenhauer, Withman, Cervantes, Pirandello, Camus, Austen, Borges, Homero, Poe, Joyce, Kafka, Flaubert, Unamuno, Shakespeare, Faulkner, Arlt, Rosseau, Mann, Conrad, Darío, Hemingway, Kant, Quevedo, Fitzgerald, Rimbaud, Hesse, Woolf, Dante, Cortázar, Sartre…

Quizá para cuando eso ocurra, muchas veces no sabremos qué respondernos sin que nuestra honestidad tambalee y nos haga dudar, provocándonos un conflicto que, una de dos: o nos hará llorarle a un amigo, a un erudito o a un amor nuestro desencanto, o en el mejor de los casos, nos hará escribirlo.

Pero el día que nos preguntemos por qué leemos (así a secas), quizá la respuesta más honesta que podremos darnos sea la misma que nos daríamos ante otra interrogante similar: ¿por qué vivimos? No lo sabemos realmente; y sin embargo existe un algo inexplicable que nos motiva a seguir viviendo aun cuando somos totalmente conscientes de que no seremos eternos; de igual forma, quizá algo haya de misterioso en ese particular acto de leer que nos motiva a hacerlo aun cuando sabemos a ciencia cierta que jamás —ni por cerca— llegaremos a leer todo lo que se ha escrito.

Leer —al igual que vivir— es una consciente pero feliz desilusión por adelantado. Es como conservar con recelo una visa al cielo sin dejar de tener la plena certeza de que jamás estaremos allí. Es un constante, misterioso y afortunado acto de fe en la más grande de todas las frustraciones.

¿Quién es Alfonso Guido?


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